¿Por qué abstenerse de comer carne durante Cuaresma?

 La Iglesia Católica ha determinado varias formas de penitencia que ayudan a los fieles a educar su alma, para alejarse del pecado y permanecer o regresar al camino de Dios. Una de estas maneras penitenciales es la abstinencia de comer carne, que más allá del tipo de alimento, es un signo que ofrece la Iglesia para recordar y vivir el tiempo de la Cuaresma en preparación a la Pascua de Resurrección.

cenizaSobre la penitencia el Código de Derecho Canónico, en su numeral 1249, dice: ” Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen”.

Estos tiempos penitenciales, determinados por la Iglesia Universal (cánones del 1250 al 1253) son todos los viernes del año y todo el tiempo de Cuaresma. Por su parte la abstinencia de carne ha de guardarse todos los viernes de Cuaresma -siempre y cuando éstos no coincidan con alguna solemnidad litúrgica; y el ayuno más la abstinencia cada Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

La Conferencia Episcopal de cada país también puede determinar el modo de observar tanto el ayuno como la abstinencia, sustituyendo en todo o en parte otras maneras penitenciales, como lo hizo el Episcopado Estadounidense que obtuvo permiso de la Santa Sede para que los católicos pudiesen sustituir la penitencia de los viernes del año por un acto de caridad.

Pero no a todos obliga la ley de abstinencia, de acuerdo con el Código de Derecho Canónico ésta sólo es obligatoria a partir de los 14 años de edad, mientras que el ayuno es obligatorio para todos los mayores de edad, a partir de los 18 hasta los 59. Pero para todos la Iglesia recomienda: “cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno y la abstinencia”.

En últimas, como se subraya en uno de los blogs de infocatolica.com, la abstinencia como el ayuno son signos penitenciales que “nos despiertan de nuestro letargo, para que no se nos pase este tiempo maravilloso de conversión sin pena ni gloria (…) porque quizá no tengamos otro momento para volvernos a Dios”.

 Fuente: Redacción (Miércoles, 18-02-2015, Gaudium Press)

CUARESMA: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”

QUE EL CAMINO CUARESMAL PRODUZCA CAMBIOS DE ACTITUD, TAN NECESARIOS EN EL MUNDO DE HOY RUMBO AL ORDEN Y LA PAZ, NO SOLO EN LA FAMILIA SINO ESPECIALMENTE EN LA SOCIEDAD.

5011_M_fa921190aQuien impone las cenizas al inicio de la Cuaresma al papa, pronunciando: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, es el cardenal sacerdote de la parroquia de Santa Sabina, en Roma.

Especial situación, y no menor preocupación, fue para el cardenal Jozef Tomko que sería, en su momento, quien las impondría a Juan Pablo II. Eran dos frases, una u otra, difíciles de decir, reconocía el purpurado en entrevista al L’Osservatore Romano (6-2-2008).

La primera frase, aludía este prelado, era el papa quien se la tendría que decir: “¿cómo puedo recordárselo yo al papa?” Más difícil era pronunciar la segunda, pues Juan Pablo II estaba en edad avanzada y “era como recordarle de nuevo lo que él no solo sabía, sino que lo sentía en su cuerpo”. Ante difícil elección, optaría por una fórmula que sabía no era suya, “sino las palabras de Dios ante las que todos debemos inclinar la cabeza”.

Lo narrado nos introduce en el camino de la Cuaresma, tiempo de combate espiritual, en que rechazando el mundo secularizado, nos invita a “escuchar la Palabra de verdad; vivir, hablar y hacer la verdad; evitar la mentira, que envenena a la humanidad y es la puerta de todos los males” (Benedicto XVI, 1-3-2006).

Las cenizas -bendecidas por el sacerdote- tienen su origen en los ramos quemados del año anterior. El ministro las coloca en la frente en forma de cruz. Permanecen así, durante el día, los católicos, con la marca de la cruz de Cristo en sus frentes, proclamando su fe con ufanía, ante el mundo descreído que los rodea.

Trae a la memoria, este ceremonial de luto y de dolor, nuestra fragilidad, el pecado, el fin de hombre y lo pasajero de los bienes de este mundo; nos compenetra de cómo debemos humillarnos y hacer penitencia.

El “conviértete y cree en el Evangelio” hace presente el caminar rumbo a una conversión auténtica y profunda. El “recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, evoca lo efímero de nuestra naturaleza; pues, queramos o no, seremos transformados en polvo. Algunos sacerdotes pronuncian una u otra, sucesivamente, como que dejando en la mano del propio Dios, las palabras que recibirá el fiel al aproximarse.

cenizasProfundo es el simple rito, signo de verdadera penitencia, del deseo de una profunda “metanoia” espiritual, de un cambio de mentalidad que transforme y renueve al hombre. Iniciando el Miércoles de Ceniza y concluyendo el Jueves Santo, 40 días, de ahí el título de Cuaresma.

En este itinerario se nos invita a practicar con más intensidad tres obras de piedad: el ayuno, la limosna y la oración.

Ayunar. Abstenernos de comida, no es la única privación a practicar. Lo principal, decía Benedicto XVI, será “abstenernos del mal y de vivir el Evangelio. No ayuna de verdad quien no sabe nutrirse de la Palabra de Dios” (9-3-2011). Será renunciar al amor propio, a las faltas de paciencia, a las actitudes violentas con relación al prójimo, a la mentira, al consumismo.

La limosna deberá estar marcada por la prodigalidad hacia las necesidades de nuestro prójimo, especialmente de los que sufren. Mucho nos impactamos con la pobreza material, poco comprendemos que hay una mucho más dolorosa: “la pobreza espiritual”.

La oración. Tengamos una oración más fiel, que surja de nuestro corazón, que no sea apenas de los labios: “no todo el que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mt 7, 21): orar, meditar, vivir la Palabra de Dios.

El tiempo cuaresmal invita a que cada familia, cada comunidad, aparten de sí todo lo que aleje de las cosas espirituales. Que se alimenten de la oración en familia, de la lectura de la Palabra de Dios, se acerquen al sacramento de la reconciliación, participen de la Eucaristía dominical, y siempre que puedan de la semanal.

Conversión, no apenas por estos 40 días, ni superficial, sino profunda. Que produzca cambios de actitud, tan necesarios en el mundo de hoy rumbo al orden y la paz, no solo en la familia, también y especialmente, en la sociedad. Que tengamos, por lo tanto, un sincero y profundo propósito de arrepentimiento y cambio de vida. Es lo que les deseo a todos y cada uno.

Un Arcoriris Para el Niño Dios

A cada uno de nosotros, Dios concede dones especiales, y sólo le daremos entera alegría si los desarrollamos buscando la perfección. Siempre más rumbo a Dios, debe ser el lema que nos guíe en la vida. Y muchas son las vías por la cuales podemos alcanzar ese objetivo. Ilustra bien esa variedad de caminos, una leyenda medieval sobre un juglar – bufón que recorría las cortes, cantando, declamando o haciendo malabarismos – que en su simplicidad quiso alegrar al Niño Jesús con su arte y sus dones. En Francia es conocido como: “Le jongleur de Notre Dame”.

malabarismo1En la pequeña y caliente Sorrento (Italia), ciudad bañada por el Mar Mediterráneo, vivía un joven llamado Giovanni, huérfano de padre y madre. Poco inteligente, pero dotado de muchas habilidades manuales, era capaz de hacer maravillosos malabarismos. Todas las mañanas la multitud iba a la plaza central para verlo en el puesto de frutas del signore Baptista. Allí Giovanni hacía girar por el aire limones, peras, naranjas, manzanas y hasta pepinos. Por sus habilidades, muchas personas compraban las frutas y legumbres del signore Baptista. En recompensa, la esposa del signore le daba un buen plato de sopa caliente.

Cierto día, un grupo de artistas se presentó en el centro de la ciudad. Giovanni asistió a su actuación. ¡Quedó encantado! Pidió al “Señor Maestro” un lugar en el espectáculo, le hizo una demostración de sus malabarismos con las frutas y fue aceptado.

Así, dijo adiós a los Baptista y partió a recorrer el mundo. Ya no se presentaba con sus harapos, sino con ropas vistosas y un saco colorido. En cada espectáculo hacía una respetuosa venia al público, desenrollaba un tapete y comenzaba. Primero, palos coloridos y brillantes giraban por los aires. Después venían los platos que equilibraba sobre una vara, haciéndolos girar. Botellas de madera multicolores pasaban por el aire de una mano a otra, como también argollas y antorchas encendidas.

Finalmente, lo que hacía a la multitud vibrar era su arco iris: tiraba a los cielos una bola roja, una color naranja, una amarilla, una verde, una azul y una violeta, hasta que, todas girando, parecía que el arco iris rodaba entre sus manos.

— Y ahora… ¡El sol de los cielos! — gritaba él.

— Sin parar, cogía una bola dorada y brillante y la tiraba más y más alto, cada vez más deprisa… ¡Cómo las multitudes lo aplaudían!

Giovanni se volvió famoso. Se presentó en los palacios de duques y príncipes, recorrió Italia de alto a bajo. Sus ropas pasaron a ser mucho más elegantes.

Cierto día, durante uno de sus viajes, Giovanni se sentó sobre un muro a descansar y admirar el dorado de las piedras golpeadas por el sol poniente; iba a comer algo, cuando dos frailes franciscanos se aproximaron:

— ¿Nos puede dar un poco de su comida buen hombre? — preguntó uno de ellos.

— Por el amor de Dios y con las bendiciones de nuestro Padre Francisco… — completó el otro.

— Siéntense, hombres de Dios, hay para todos. — respondió Giovanni.

Mientras comían, los frailes contaron a Giovanni un poco de su apostolado.

— Para mayor gloria de Dios llevamos alegría a los hombres con el Evangelio de Jesús. Y Ud., como enseña nuestro padre Francisco, llevando felicidad a los pequeños, también da gloria a Dios, pues él nos dice que todas las cosas cantan la gloria de Dios, inclusive Ud. con sus malabarismos.

— Se rió Giovanni en su ignorancia, y se despidió feliz. Por donde andaba, henchía los cielos de arco iris y los aplausos resonaban. Pasaron los años… Giovanni envejeció. Continuó con sus malabarismos, hasta que un día … ¡dejó caer el “sol de los cielos”, y el arco iris se fue al suelo!

La multitud no perdonó: se burló de aquél que tantas veces le había alegrado los días. Algunos de los asistentes hicieron algo horrible: le tiraron tomates y piedras, y Giovanni huyó para salvar su vida. Desde ese momento no volvió a ver los rostros alegres de los niños que tanto lo consolaban. Iba solo. Para poder comer, fue vendiendo todos sus objetos, restándole apenas el arco iris.

— Es hora de volver a casa — dijo — malabarismo2y se dirigió a Sorrento.

— El viento soplaba frío y sin piedad, era noche de invierno, caía una lluvia helada y el frío le calaba los huesos. En las sombras de la noche, Giovanni pudo avistar la silueta del convento de los franciscanos.

Todas las ventanas estaban oscuras, y sólo una puerta entreabierta dejaba ver la lamparita del sagrario encendida en la Iglesia.

Giovanni entró. Allí estaba menos frío. Se arrastró hacia un rincón y se dejó caer por el cansancio, durmiéndose inmediatamente.

De repente, una música lo despertó y alegres voces cantaron: “¡Gloria! ¡Gloria!” ¡La iglesia resplandecía de luz! Frotándose los ojos, no podía creer en lo que veía: ¡Cuánta belleza! En largo cortejo, frailes, monjas y personas de la ciudad, todos bien trajeados, llevaban lindos presentes en las manos. Tapices, banderas y flores adornaban la iglesia de arriba abajo. ¿Quién sería el homenajeado? ¿Un rey? Se irguió Giovanni, para ver mejor: la gente colocaba los regalos delante de una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en su regazo.

— ¿Qué es esto? — preguntó a quien estaba más próximo.

— ¡Hombre! ¡Es el cumpleaños del Niño Dios!

Maravillado, Giovanni observaba todo con espanto y admiración. Jamás en toda su vida viera cortejo más lindo ni oyera cánticos tan angelicales… Giovanni estaba tan absorto, que no percibió que todos habían partido después de la ceremonia, y, cuando cayó en cuenta, estaba solo delante de la Virgen. Todo se encontraba a oscuras, excepto las brillantes velas que circundaban la imagen. Se aproximó a ella y vio que el Niño Dios, en los brazos de Nuestra Señora, parecía triste, muy triste.

— ¡Oh, Señora — dijo Giovanni — gustaría tener algo para tu “bambino”… parece tan triste, aún en medio de todos estos regalos. Pero, espera… yo solía hacer que los niños sonriesen!

Abrió entonces, su saco colorido, se puso su bello traje, dio unos pasos para atrás, hizo una venia elegante, extendió el tapete y comenzó: primero la bola roja, siguió con la bola naranja, ahora la amarilla, y la verde, y la azul, y la violeta. Lanzaba al aire, para un lado, para otro, hasta que apareció el arco iris.

malabarismo3— ¡Y finalmente — gritó Giovanni — el sol de los cielos!

La bola dorada subió, girando, girando, cada vez más alto y alto. Nunca en su vida había hecho tan bien esos malabarismos. ¡Las bolas giraban más y más alto, más y más deprisa! Una estela de colores llenó la iglesia.

Los tonos del arco iris se proyectaron por todas las paredes, arcos, naves y columnas. ¡Era una explosión de colores!

El corazón de Giovanni palpitaba: — ¡Para ti, “dolce bambino”, para ti! — gritaba.

El hermano José se levantaba antes del alba para abrir la iglesia y tocar la campana. Pero esa mañana tuvo una sorpresa: vio a través de los vitrales luces refulgentes dentro del templo. ¡Era como si el sol naciese allá dentro! ¡Primero todo pareció rojizo, después anaranjado, después dorado! Corrió el hermano y abrió las puertas.

— ¡Dios Santo! Un malabarista… — exclamó.

Fue a llamar rápidamente al fraile superior. Regresaron los dos y, estando en la puerta de la iglesia, se dieron cuenta que estaba de nuevo a oscuras. Entraron y tropezaron con el viejo Giovanni, quien había dado todo de sí para alegrar al Niño Jesús y yacía en el suelo… había muerto de cansancio.

El Hermano José se dio vuelta y, boquiabierto, con los ojos bien abiertos, miró hacia la imagen de la Virgen, sólo pudiendo decir:

— ¡Hermano, mire, mire…!

El Niño Jesús sonreía con la bola dorada en las manos.

Fuente: Caballeros de la Virgen

El Arte Salcro: Camino para el encuentro con Dios

Desde su origen, el cristianismo comprendió el valor de las Artes, y usó sus multiformes lenguajes pra comunicar el inmutable mensaje de salvación.

P. Fernando Gioia, EP.

basilicaLa manifestación de la fe, en la Iglesia y por la Iglesia, no se restringe a una actitud interior, se refleja también a través de expresiones externas. Aunque los actos litúrgicos, principalmente la Santa Eucaristía, podrían llevarse a cabo con dignidad en cualquier sitio, no obstante, lo artístico, importa ser tomado en consideración. Pues, la exteriorización del culto debe ir al encuentro de lo digno y decoroso.

A través de los objetos que se utilizan se puede fomentar la compenetración ante el misterio que se está viviendo. Por eso importa buscar que el arte sacro evite lo vulgar, lo que no tenga armonía o sea irreverente.

La belleza ejerce una acción evangelizadora a través de los elementos destinados al culto divino, los cuales deben ser “dignos, decorosos y bellos, signos y símbolo de las realidades celestiales” (Sacrosanctum Concilium, 122).

San Pío X destacaba el primordial papel del arte afirmando cómo la Iglesia ha ido “admitiendo en el servicio del culto, cuanto en el curso de los siglos el genio ha sabido hallar de bueno y bello” (Tra le sollecitudini, 5).

También Pío XI destacaba la importancia de “que las artes sirvan verdaderamente como nobilísimas siervas al culto divino” (Divinis cultus sanctitatem, 5).

Sublimando la dimensión litúrgica, decía Pío XII (Musicæ sacræ, 11), que el arte religioso se propone “llevar a Dios por medio del oído y de la vista”

San Juan Pablo II mostraba cómo, en los últimos siglos, ha ocurrido “una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe” (Carta a los Artistas, 10).

En este delicado tema, no fue pequeño el choque entre dos marcadas tendencias durante los últimos decenios. Unos en contra de lo que podría suponer un gasto en la construcción, ornamentación de las iglesias, confección de bellos ornamentos o vasos sagrados, y pensaban, sería mejor destinar a los pobres esos recursos.

maria magdalenaOtros, en sentido opuesto, alegaban que habría que disponer de lo mejor para el servicio de Dios, basando sus argumentos en la respuesta que el Señor le dio a Judas Iscariote — a quien en realidad no le importaban los pobres, sino el dinero, porque era ladrón (Jn 12, 6) — en el episodio de la mujer que derramó sobre la divina cabeza un perfume muy caro de nardo; y en el hecho de que Él no rechazó tan “lujoso” homenaje. Al contrario, Cristo, que se hizo pobre y pedía la pobreza a los Apóstoles, elogió ese gesto: “Jesús replicó: dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre” (Mc 14, 6-7). Por consiguiente, ¿no es legítimo — preguntaban los de esta corriente — practicar la virtud de la magnificencia en el culto divino?, esto en nada hiere el espíritu de pobreza.

El Concilio Vaticano II (S.C., 124), a respecto de la liturgia y el arte sacro, acabó recomendando que “busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sagrada”.

Ocurre que se confunde erróneamente belleza con lujo y, al tratar de evitar la mera suntuosidad o el esplendor fastuoso, se termina optando por una falta de esmero, el mal gusto y la vulgaridad. So pretexto de simplicidad evangélica, se empobrece el culto divino, tanto en una arquitectura desprovista de encanto, como en una música alejada de lo sagrado, o en unas imágenes de formas extrañas y artísticamente pobres, en el uso de objetos de gusto discutible y hechos de material de calidad inferior al noble sacramento que se celebra.

Desde la Antigüedad el ser humano, ha ofrecido en los actos de adoración a Dios los mejores utensilios que poseía, como nos lo demuestra el Antiguo Testamento. En el cristianismo, idéntico sentimiento se manifestaba en los primeros siglos, atestiguado en la construcción de majestuosos templos.

coponCristo no pidió que se practicara la pobreza con relación al culto divino. Desposado místicamente con ella, San Francisco de Asís comprendió muy bien el consejo evangélico y rogaba a los seguidores que honraran las cosas referentes al Santísimo Sacramento y a la liturgia: “los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos(1ª Carta Custodios, 3-4). Ejemplo concreto de tal mentalidad lo apreciamos en el exterior rústico de la basílica de Asís, que contrasta con su interior lleno de esplendor.

cantoLa bella celebración litúrgica, sus ornamentos, el ceremonial, el canto, las construcciones, arrebatan las almas hacia lo sobrenatural y las animan a abandonar las vías del pecado y progresar en la virtud. Si hay medios económicos, en el arte sacro, no hay que evitar lo bello porque sea más costoso y optar por lo feo si da menos gastos. Argumento bastante discutible.

En otros tiempos – en los cuales la imprenta aún no existía – el arte, las imágenes, los vitrales, etc., en las iglesias, eran como un libro donde aprendían los fieles las verdades de la fe. Lo indicaba Pablo VI: “el arte es un medio de incomparable eficacia para la evangelización” (22-10-1974).

La Iglesia incentiva se favorezca “un arte auténticamente sacro”, y que se excluyan “aquellas obras artísticas que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte” (S.C., 124).

El arte y la belleza tienen el cometido de despertar a la humanidad y llevarla a redescubrir la profundidad de esa dimensión espiritual, porque la alianza establecida desde siempre entre el Evangelio y el arte es una invitación a adentrarse en el misterio del Dios encarnado.

Así como Dios se manifiesta en la Creación, las obras del hombre honesto reflejan el encanto de la virtud. Esta íntima relación entre la belleza material y la moral es el fundamento de la llamada “via pulchritudinis”: usar la belleza para llevar las almas hacia Dios. El mundo que vivimos, “tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”, decía Pablo VI (8-12-65). El arte sacro, con su esplendor e inigualable función evangelizadora, expresándose través de signos, será un itinerario rumbo a Dios.

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La Santísima Virgen de Fátima visita al Hospital Benjamín Bloom

bloom_octubre_084La imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María visitó el Hospital Benjamín Bloom, llevando paz y fortaleza a los niños, sus seres queridos y a todo el personal que les acompaña.

La peregrinación comenzó con la Santa Misa, celebrada por el P. Michael, EP. , donde después de la homilia se coronó a la Santísima Virgen com madre de todos los presentes, de modo particular los niños. Al finalizar la Eucaristía, se entregó un Oratorio, que peregrinará por los diferentes departamentos de la institución y se rezó una consagración al Inmaculado Corazón de Maria, pidiendo la protección para todos.

Luego se rezó el Santo Rosario y a seguir se visitó las salas de los internados del piso 8º y 6º derramando bendiciones a todos los presentes.

Pidiendo que la Santísima Virgen bendiga, proteja y les dé fortaleza siempre a estos niños, a sus padres y todo el personal que les acompañan.

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Consagración de sí mismo por las manos de María

consagracion_familias_13_octubre_074El 13 de octubre, día que se conmemora la última apaición de la Virgen en Fátima, en la Casa de los Heraldos del Evangelio se vivieron momentos de mucha alegría y unción ya que un grupo de jóvenes, papás y amigos de los Heraldos del Evangelio, se han consagrado a Jesús por las manos de María, según el conocidísimo método de San Luis María Grignon de Monfort. En la solemne Eucaristía, celebrada por el P. Fernando Gioia EP, tuvo lugar dicha consagración.

 Después de un profundo estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, se escogió esta fecha mariana para realizar la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias.

Peregrinación a San José el Espino

san_jose_el_espino_020En el marco del mes del rosario, la imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María, visitó la parroquia de San José El Espino, Departamento de Cuscatlán.

La proseción tuvo inicio en el sector la Torre donde recorrió las principales calles de la parroquia. Después de la entrada solemne de la imagen peregrina el párroco, P. John Fredy Caro, coronó la Santísima Virgen como reina de todas las familias de todos los fieles de San José el Espino. En su homilía el párroco insistió en la importancia y necesidad del rezo del santo rosario, como también la propagación del Apostolado del Oratorio. Antes de la bendición finala el P. Caro consagró la parroquia al Inmaculado Corazón de María.

Al finalizar la santa misa, se fue en porcesión con la Augusta Señora, al sector Zacamil, donde se rezó el rosario en el patio de unas de las casas entre cantos y cohetes.

Por la tarde la imagen se dirigió hasta el cantón La Lomas de Guadalupe, en procesión, donde al finalizar tuvo lugar la Eucaristía y después de la prédica del padre John Fredy se coronó nuevamente a la Santísima Virgen como reina de todo este cantón.

Al finalizar, para despedir a Nuestra Señora, se cantó el Ave de Fátima a luz de las candelas.

Cabe aquí un agradecimiento todo especiál al padre  John Fredy Caro por toda la dedicación y entuciasmo en la preparación en el recibimineto a la Santísima Virgen.

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el Santo Rosario y la intervención de la Santísima Virgen en la historia de la humanidad

Numerosas muestras dio la Madre de Dios de predilección por el Santo Rosario, y una de ellas definió la supervivencia de la religión católica.

La Iglesia Católica dedica especialmente el mes de octubre a la promoción del rezo del Santo Rosario y celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario el día 07 como conmemoración de uno de los grandes favores que la Santísima Virgen otorgó a la Iglesia en 1571. Pero la devota práctica de la repetición del saludo del Arcángel Gabriel a la Madre de Dios tiene mucha más historia. Cuando las cuentas del Rosario se deslicen entre sus dedos durante este mes (y ojalá frecuentemente), puede estar seguro de que los siglos de la historia de la Iglesia, pasados y venideros, se escriben entre esas avemarías.

Una breve historia del Santo Rosario

santo domingoLos antecedentes del Santo Rosario se rastrean comúnmente a la recitación de los 150 Salmos del Rey David, una devota y antigua práctica que era accesible sólo a las personas instruidas, capaces de poseer y leer los textos. Muchos otros fieles conmutaban la oración por la repetición del saludo del Arcángel a la Santísima Virgen, a lo que se llamó el “Salterio de la Virgen”. Esta humilde oración reveló con el tiempo una especialísima predilección de la Madre de Dios, quien procuró elevarla a la devoción mariana más recomendada por los Pontífices en la historia.

En el Siglo XII, cuando el “Salterio de la Virgen” no tenía aún su forma actual, Santo Domingo de Guzmán recibió una revelación de enorme importancia. Habiendo hecho enormes penitencias por la difícil conversión de los albigenses, la Santísima Virgen le aconsejó su salterio como un arma mucho más eficaz que el flagelo con el cual se disciplinaba. El Santo se dirigió a la Catedral de Tours y convocó a los fieles para predicarles, pero se desató una terrible tormenta que sólo amainó con el rezo del salterio. Con esta señal sobrenatural comenzó un intenso apostolado para promover la devoción.

La labor apostólica de Santo Domingo obtuvo gran éxito de manos de la Santísima Virgen a través de esta oración, y su práctica se mantuvo en auge durante un siglo, hasta que fue paulatinamente cayendo en el olvido.

En 1349, en medio de la tragedia de la epidemia de la “muerte negra”, otro dominico, el P. Alan de la Roche vio una aparición de Nuestra Señora, quien le pidió personalmente restaurar la devoción del salterio. El religiosos, junto con los frailes de su comunidad comenzaron una nueva campaña de fomento de la práctica, esta vez dándole su forma actual con la autorización de la Iglesia.

¿Por qué octubre?

lepantoA pesar de que los milagros obrados por la intercesión de la Santísima Virgen son incontables, uno en especial mereció la institución del Día de la Virgen del Rosario el día siete de octubre. En el año de 1571, la civilización cristiana sintió que su supervivencia dependería de una batalla. La poderosa fuerza naval del Imperio Otomano desafió a la llamada Liga Santa: una armada formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El enfrentamiento tenía tal importancia que Miguel de Cervantes, quien luchó aquel día, no dudó en llamarla “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”.

Durante la batalla, los católicos rezaron el Santo Rosario por solicitud del Papa San Pío V y, a pesar de las dificultades, las fuerzas cristianas consiguieron hacerse con la victoria. Por este motivo, se ordenó el toque de las campanas y una solemne procesión, adjudicando a la Santísima Virgen el triunfo e instituyendo la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias en la fecha de la confrontación: el 07 de octubre. El Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la solemnidad al de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

El Santo Rosario en nuestros días

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

En el mensaje de Fátima, en 1917, la Santísima Virgen actualiza para nuestra época el llamado a la oración del Santo Rosario y promete una vez más su intervención en la historia de la humanidad, dando origen a una renovada devoción. El Beato Juan Pablo II dedicó una Carta Apostólica a esta oración, en la que “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”. El propio Pontífice señaló que esta oración tuvo gran importancia en todos los momentos de su vida, de la que afirmó: “El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”.

“El Santo Rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia”, afirmó por su parte en 2009 Benedicto XVI. “Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera”. Siguiendo la reflexión del Beato Juan Pablo II, el Pontífice también renovó su invitación en 2012: ” invito a rezar el Rosario personalmente, en familia y en comunidad, colocándonos en la escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe”.

Por estos motivos, y en unión a la riquísima tradición de amor a la Santísima Virgen, ninguna invitación puede ser mejor en este mes de octubre que honrar la piadosa costumbre de rezar devotamente el Santo Rosario. En el día de hoy, tal como en 1571 y en tantas otras oportunidades, la historia de los hombres y de la Iglesia de Cristo pende de la cadenilla y las cuentas de la más arraigada muestra de oración sincera a la Madre de Dios.

Fuente: Gaudium Press / Miguel Farías.

Ángel de la guarda

12143347_1008295822523765_7000748839764599158_nEn la S. Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”. Un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos.
Ya en el siglo II el gran sabio Orígenes decía: “Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Y se basa esta creencia en la frase del Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos”. Y en aquella otra frase tan famosa de Jesús: “Cuidad de no escandalizar a ninguno de estos pequeñuelos, porque sus ángeles están siempre contemplando el rostro de mi Padre Celestial”. Y Judit en la Biblia al ser recibida como libertadora de Betulia exclamaba: “El ángel del Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá , y en el viaje de venida”.

Nuestro Señor ¿tenía ángel de la guarda? Sepa la respuesta en este vídeo.

Ángeles de la guarda

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La santidad al alcance de las personas comunes

santa teresitaLa misma santa Teresita, en los Manuscritos Autobiográficos, explica en qué consiste su “pequeña vía” de santidad: “Siempre quise ser santa, pero –¡pobre de mí!– siempre comprobé, al compararme con los santos, que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en los cielos y el oscuro grano de arena pisado por los transeúntes. Lejos de desanimar, me dije a mí misma: ‘El buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables. Luego, pese a mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Hacerme grande es imposible; debo, pues, soportarme tal como soy, con todas mis imperfecciones, pero quiero buscar un medio de ir al Cielo por una pequeña vía muy recta, muy corta, una pequeña vía enteramente nueva’.”

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Por ese entonces, el recién inventado ascensor generaba un gran revuelo, evitando a las personas el esfuerzo de subir escaleras. Sor Teresita sintió un gran deseo de “encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la ruda escala de la perfección” . Se puso a buscar entonces en los Libros Sagrados y encontró este pensamiento: “Si alguno es simple, venga acá” (Prov 9,4). Continuando su búsqueda encontró esta afirmación: “Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré […] En brazos seréis llevados” (Is 66, 12-13). Y concluyó llena de gozo: “¡Ah! El elevador que debe levantarme al Cielo son tus brazos, oh Jesús!”

La lectura atenta y amorosa de los santos Evangelios arrojó más luz: “Si no os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3). “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Mc 10, 14).

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Quedaba explícito el significado de la “pequeña vía”, el camino de la infancia espiritual. En ella, lo importante no está en las grandes mortificaciones corporales, sino en aceptar con humildad la propia pequeñez, las propias limitaciones, hasta las propias imperfecciones, y tener un amor y una confianza ilimitados en la bondad de Dios; y, como fruto de ese amor, tener deseos inmensos de realizar con perfección los pequeños actos de la vida diaria.

Con su doctrina, y sobre todo con su ejemplo, la dulce carmelita de Lisieux demostró que la santidad es accesible a todos. “Vivió la santidad pura y simple, con todo el encanto y seducción del alma moderna, muy humana y muy cercana a nosotros” , afirma uno de sus más insignes biógrafos.

Al canonizarla –más todavía al proclamarla Doctora de la Iglesia– la Santa Iglesia oficializó su “pequeña vía” como un auténtico camino de santidad; algo que afirmó claramente el Papa Benedicto XV en un discurso del 14 de agosto de 1921: “En el camino de la infancia espiritual está el secreto de la santidad para los fieles del mundo entero”. Y la bula de canonización señala que Dios, por medio de santa Teresita, propone a los hombres un nuevo modelo de santidad, no sólo al alcance de sacerdotes y monjas, sino también de los laicos de todas las edades y condiciones sociales.

Fuente: Revista Heraldos del Evangelio, Octubre/2005, n. 21, pag. 22 – 25

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