El Arte Salcro: Camino para el encuentro con Dios

Desde su origen, el cristianismo comprendió el valor de las Artes, y usó sus multiformes lenguajes pra comunicar el inmutable mensaje de salvación.

P. Fernando Gioia, EP.

basilicaLa manifestación de la fe, en la Iglesia y por la Iglesia, no se restringe a una actitud interior, se refleja también a través de expresiones externas. Aunque los actos litúrgicos, principalmente la Santa Eucaristía, podrían llevarse a cabo con dignidad en cualquier sitio, no obstante, lo artístico, importa ser tomado en consideración. Pues, la exteriorización del culto debe ir al encuentro de lo digno y decoroso.

A través de los objetos que se utilizan se puede fomentar la compenetración ante el misterio que se está viviendo. Por eso importa buscar que el arte sacro evite lo vulgar, lo que no tenga armonía o sea irreverente.

La belleza ejerce una acción evangelizadora a través de los elementos destinados al culto divino, los cuales deben ser “dignos, decorosos y bellos, signos y símbolo de las realidades celestiales” (Sacrosanctum Concilium, 122).

San Pío X destacaba el primordial papel del arte afirmando cómo la Iglesia ha ido “admitiendo en el servicio del culto, cuanto en el curso de los siglos el genio ha sabido hallar de bueno y bello” (Tra le sollecitudini, 5).

También Pío XI destacaba la importancia de “que las artes sirvan verdaderamente como nobilísimas siervas al culto divino” (Divinis cultus sanctitatem, 5).

Sublimando la dimensión litúrgica, decía Pío XII (Musicæ sacræ, 11), que el arte religioso se propone “llevar a Dios por medio del oído y de la vista”

San Juan Pablo II mostraba cómo, en los últimos siglos, ha ocurrido “una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe” (Carta a los Artistas, 10).

En este delicado tema, no fue pequeño el choque entre dos marcadas tendencias durante los últimos decenios. Unos en contra de lo que podría suponer un gasto en la construcción, ornamentación de las iglesias, confección de bellos ornamentos o vasos sagrados, y pensaban, sería mejor destinar a los pobres esos recursos.

maria magdalenaOtros, en sentido opuesto, alegaban que habría que disponer de lo mejor para el servicio de Dios, basando sus argumentos en la respuesta que el Señor le dio a Judas Iscariote — a quien en realidad no le importaban los pobres, sino el dinero, porque era ladrón (Jn 12, 6) — en el episodio de la mujer que derramó sobre la divina cabeza un perfume muy caro de nardo; y en el hecho de que Él no rechazó tan “lujoso” homenaje. Al contrario, Cristo, que se hizo pobre y pedía la pobreza a los Apóstoles, elogió ese gesto: “Jesús replicó: dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre” (Mc 14, 6-7). Por consiguiente, ¿no es legítimo — preguntaban los de esta corriente — practicar la virtud de la magnificencia en el culto divino?, esto en nada hiere el espíritu de pobreza.

El Concilio Vaticano II (S.C., 124), a respecto de la liturgia y el arte sacro, acabó recomendando que “busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sagrada”.

Ocurre que se confunde erróneamente belleza con lujo y, al tratar de evitar la mera suntuosidad o el esplendor fastuoso, se termina optando por una falta de esmero, el mal gusto y la vulgaridad. So pretexto de simplicidad evangélica, se empobrece el culto divino, tanto en una arquitectura desprovista de encanto, como en una música alejada de lo sagrado, o en unas imágenes de formas extrañas y artísticamente pobres, en el uso de objetos de gusto discutible y hechos de material de calidad inferior al noble sacramento que se celebra.

Desde la Antigüedad el ser humano, ha ofrecido en los actos de adoración a Dios los mejores utensilios que poseía, como nos lo demuestra el Antiguo Testamento. En el cristianismo, idéntico sentimiento se manifestaba en los primeros siglos, atestiguado en la construcción de majestuosos templos.

coponCristo no pidió que se practicara la pobreza con relación al culto divino. Desposado místicamente con ella, San Francisco de Asís comprendió muy bien el consejo evangélico y rogaba a los seguidores que honraran las cosas referentes al Santísimo Sacramento y a la liturgia: “los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos(1ª Carta Custodios, 3-4). Ejemplo concreto de tal mentalidad lo apreciamos en el exterior rústico de la basílica de Asís, que contrasta con su interior lleno de esplendor.

cantoLa bella celebración litúrgica, sus ornamentos, el ceremonial, el canto, las construcciones, arrebatan las almas hacia lo sobrenatural y las animan a abandonar las vías del pecado y progresar en la virtud. Si hay medios económicos, en el arte sacro, no hay que evitar lo bello porque sea más costoso y optar por lo feo si da menos gastos. Argumento bastante discutible.

En otros tiempos – en los cuales la imprenta aún no existía – el arte, las imágenes, los vitrales, etc., en las iglesias, eran como un libro donde aprendían los fieles las verdades de la fe. Lo indicaba Pablo VI: “el arte es un medio de incomparable eficacia para la evangelización” (22-10-1974).

La Iglesia incentiva se favorezca “un arte auténticamente sacro”, y que se excluyan “aquellas obras artísticas que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte” (S.C., 124).

El arte y la belleza tienen el cometido de despertar a la humanidad y llevarla a redescubrir la profundidad de esa dimensión espiritual, porque la alianza establecida desde siempre entre el Evangelio y el arte es una invitación a adentrarse en el misterio del Dios encarnado.

Así como Dios se manifiesta en la Creación, las obras del hombre honesto reflejan el encanto de la virtud. Esta íntima relación entre la belleza material y la moral es el fundamento de la llamada “via pulchritudinis”: usar la belleza para llevar las almas hacia Dios. El mundo que vivimos, “tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”, decía Pablo VI (8-12-65). El arte sacro, con su esplendor e inigualable función evangelizadora, expresándose través de signos, será un itinerario rumbo a Dios.

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La Santísima Virgen de Fátima visita al Hospital Benjamín Bloom

bloom_octubre_084La imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María visitó el Hospital Benjamín Bloom, llevando paz y fortaleza a los niños, sus seres queridos y a todo el personal que les acompaña.

La peregrinación comenzó con la Santa Misa, celebrada por el P. Michael, EP. , donde después de la homilia se coronó a la Santísima Virgen com madre de todos los presentes, de modo particular los niños. Al finalizar la Eucaristía, se entregó un Oratorio, que peregrinará por los diferentes departamentos de la institución y se rezó una consagración al Inmaculado Corazón de Maria, pidiendo la protección para todos.

Luego se rezó el Santo Rosario y a seguir se visitó las salas de los internados del piso 8º y 6º derramando bendiciones a todos los presentes.

Pidiendo que la Santísima Virgen bendiga, proteja y les dé fortaleza siempre a estos niños, a sus padres y todo el personal que les acompañan.

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Consagración de sí mismo por las manos de María

consagracion_familias_13_octubre_074El 13 de octubre, día que se conmemora la última apaición de la Virgen en Fátima, en la Casa de los Heraldos del Evangelio se vivieron momentos de mucha alegría y unción ya que un grupo de jóvenes, papás y amigos de los Heraldos del Evangelio, se han consagrado a Jesús por las manos de María, según el conocidísimo método de San Luis María Grignon de Monfort. En la solemne Eucaristía, celebrada por el P. Fernando Gioia EP, tuvo lugar dicha consagración.

 Después de un profundo estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, se escogió esta fecha mariana para realizar la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias.

Peregrinación a San José el Espino

san_jose_el_espino_020En el marco del mes del rosario, la imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María, visitó la parroquia de San José El Espino, Departamento de Cuscatlán.

La proseción tuvo inicio en el sector la Torre donde recorrió las principales calles de la parroquia. Después de la entrada solemne de la imagen peregrina el párroco, P. John Fredy Caro, coronó la Santísima Virgen como reina de todas las familias de todos los fieles de San José el Espino. En su homilía el párroco insistió en la importancia y necesidad del rezo del santo rosario, como también la propagación del Apostolado del Oratorio. Antes de la bendición finala el P. Caro consagró la parroquia al Inmaculado Corazón de María.

Al finalizar la santa misa, se fue en porcesión con la Augusta Señora, al sector Zacamil, donde se rezó el rosario en el patio de unas de las casas entre cantos y cohetes.

Por la tarde la imagen se dirigió hasta el cantón La Lomas de Guadalupe, en procesión, donde al finalizar tuvo lugar la Eucaristía y después de la prédica del padre John Fredy se coronó nuevamente a la Santísima Virgen como reina de todo este cantón.

Al finalizar, para despedir a Nuestra Señora, se cantó el Ave de Fátima a luz de las candelas.

Cabe aquí un agradecimiento todo especiál al padre  John Fredy Caro por toda la dedicación y entuciasmo en la preparación en el recibimineto a la Santísima Virgen.

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el Santo Rosario y la intervención de la Santísima Virgen en la historia de la humanidad

Numerosas muestras dio la Madre de Dios de predilección por el Santo Rosario, y una de ellas definió la supervivencia de la religión católica.

La Iglesia Católica dedica especialmente el mes de octubre a la promoción del rezo del Santo Rosario y celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario el día 07 como conmemoración de uno de los grandes favores que la Santísima Virgen otorgó a la Iglesia en 1571. Pero la devota práctica de la repetición del saludo del Arcángel Gabriel a la Madre de Dios tiene mucha más historia. Cuando las cuentas del Rosario se deslicen entre sus dedos durante este mes (y ojalá frecuentemente), puede estar seguro de que los siglos de la historia de la Iglesia, pasados y venideros, se escriben entre esas avemarías.

Una breve historia del Santo Rosario

santo domingoLos antecedentes del Santo Rosario se rastrean comúnmente a la recitación de los 150 Salmos del Rey David, una devota y antigua práctica que era accesible sólo a las personas instruidas, capaces de poseer y leer los textos. Muchos otros fieles conmutaban la oración por la repetición del saludo del Arcángel a la Santísima Virgen, a lo que se llamó el “Salterio de la Virgen”. Esta humilde oración reveló con el tiempo una especialísima predilección de la Madre de Dios, quien procuró elevarla a la devoción mariana más recomendada por los Pontífices en la historia.

En el Siglo XII, cuando el “Salterio de la Virgen” no tenía aún su forma actual, Santo Domingo de Guzmán recibió una revelación de enorme importancia. Habiendo hecho enormes penitencias por la difícil conversión de los albigenses, la Santísima Virgen le aconsejó su salterio como un arma mucho más eficaz que el flagelo con el cual se disciplinaba. El Santo se dirigió a la Catedral de Tours y convocó a los fieles para predicarles, pero se desató una terrible tormenta que sólo amainó con el rezo del salterio. Con esta señal sobrenatural comenzó un intenso apostolado para promover la devoción.

La labor apostólica de Santo Domingo obtuvo gran éxito de manos de la Santísima Virgen a través de esta oración, y su práctica se mantuvo en auge durante un siglo, hasta que fue paulatinamente cayendo en el olvido.

En 1349, en medio de la tragedia de la epidemia de la “muerte negra”, otro dominico, el P. Alan de la Roche vio una aparición de Nuestra Señora, quien le pidió personalmente restaurar la devoción del salterio. El religiosos, junto con los frailes de su comunidad comenzaron una nueva campaña de fomento de la práctica, esta vez dándole su forma actual con la autorización de la Iglesia.

¿Por qué octubre?

lepantoA pesar de que los milagros obrados por la intercesión de la Santísima Virgen son incontables, uno en especial mereció la institución del Día de la Virgen del Rosario el día siete de octubre. En el año de 1571, la civilización cristiana sintió que su supervivencia dependería de una batalla. La poderosa fuerza naval del Imperio Otomano desafió a la llamada Liga Santa: una armada formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El enfrentamiento tenía tal importancia que Miguel de Cervantes, quien luchó aquel día, no dudó en llamarla “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”.

Durante la batalla, los católicos rezaron el Santo Rosario por solicitud del Papa San Pío V y, a pesar de las dificultades, las fuerzas cristianas consiguieron hacerse con la victoria. Por este motivo, se ordenó el toque de las campanas y una solemne procesión, adjudicando a la Santísima Virgen el triunfo e instituyendo la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias en la fecha de la confrontación: el 07 de octubre. El Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la solemnidad al de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

El Santo Rosario en nuestros días

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

En el mensaje de Fátima, en 1917, la Santísima Virgen actualiza para nuestra época el llamado a la oración del Santo Rosario y promete una vez más su intervención en la historia de la humanidad, dando origen a una renovada devoción. El Beato Juan Pablo II dedicó una Carta Apostólica a esta oración, en la que “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”. El propio Pontífice señaló que esta oración tuvo gran importancia en todos los momentos de su vida, de la que afirmó: “El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”.

“El Santo Rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia”, afirmó por su parte en 2009 Benedicto XVI. “Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera”. Siguiendo la reflexión del Beato Juan Pablo II, el Pontífice también renovó su invitación en 2012: ” invito a rezar el Rosario personalmente, en familia y en comunidad, colocándonos en la escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe”.

Por estos motivos, y en unión a la riquísima tradición de amor a la Santísima Virgen, ninguna invitación puede ser mejor en este mes de octubre que honrar la piadosa costumbre de rezar devotamente el Santo Rosario. En el día de hoy, tal como en 1571 y en tantas otras oportunidades, la historia de los hombres y de la Iglesia de Cristo pende de la cadenilla y las cuentas de la más arraigada muestra de oración sincera a la Madre de Dios.

Fuente: Gaudium Press / Miguel Farías.

Ángel de la guarda

12143347_1008295822523765_7000748839764599158_nEn la S. Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”. Un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos.
Ya en el siglo II el gran sabio Orígenes decía: “Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Y se basa esta creencia en la frase del Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos”. Y en aquella otra frase tan famosa de Jesús: “Cuidad de no escandalizar a ninguno de estos pequeñuelos, porque sus ángeles están siempre contemplando el rostro de mi Padre Celestial”. Y Judit en la Biblia al ser recibida como libertadora de Betulia exclamaba: “El ángel del Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá , y en el viaje de venida”.

Nuestro Señor ¿tenía ángel de la guarda? Sepa la respuesta en este vídeo.

Ángeles de la guarda

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La santidad al alcance de las personas comunes

santa teresitaLa misma santa Teresita, en los Manuscritos Autobiográficos, explica en qué consiste su “pequeña vía” de santidad: “Siempre quise ser santa, pero –¡pobre de mí!– siempre comprobé, al compararme con los santos, que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en los cielos y el oscuro grano de arena pisado por los transeúntes. Lejos de desanimar, me dije a mí misma: ‘El buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables. Luego, pese a mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Hacerme grande es imposible; debo, pues, soportarme tal como soy, con todas mis imperfecciones, pero quiero buscar un medio de ir al Cielo por una pequeña vía muy recta, muy corta, una pequeña vía enteramente nueva’.”

***

Por ese entonces, el recién inventado ascensor generaba un gran revuelo, evitando a las personas el esfuerzo de subir escaleras. Sor Teresita sintió un gran deseo de “encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la ruda escala de la perfección” . Se puso a buscar entonces en los Libros Sagrados y encontró este pensamiento: “Si alguno es simple, venga acá” (Prov 9,4). Continuando su búsqueda encontró esta afirmación: “Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré […] En brazos seréis llevados” (Is 66, 12-13). Y concluyó llena de gozo: “¡Ah! El elevador que debe levantarme al Cielo son tus brazos, oh Jesús!”

La lectura atenta y amorosa de los santos Evangelios arrojó más luz: “Si no os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3). “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Mc 10, 14).

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Quedaba explícito el significado de la “pequeña vía”, el camino de la infancia espiritual. En ella, lo importante no está en las grandes mortificaciones corporales, sino en aceptar con humildad la propia pequeñez, las propias limitaciones, hasta las propias imperfecciones, y tener un amor y una confianza ilimitados en la bondad de Dios; y, como fruto de ese amor, tener deseos inmensos de realizar con perfección los pequeños actos de la vida diaria.

Con su doctrina, y sobre todo con su ejemplo, la dulce carmelita de Lisieux demostró que la santidad es accesible a todos. “Vivió la santidad pura y simple, con todo el encanto y seducción del alma moderna, muy humana y muy cercana a nosotros” , afirma uno de sus más insignes biógrafos.

Al canonizarla –más todavía al proclamarla Doctora de la Iglesia– la Santa Iglesia oficializó su “pequeña vía” como un auténtico camino de santidad; algo que afirmó claramente el Papa Benedicto XV en un discurso del 14 de agosto de 1921: “En el camino de la infancia espiritual está el secreto de la santidad para los fieles del mundo entero”. Y la bula de canonización señala que Dios, por medio de santa Teresita, propone a los hombres un nuevo modelo de santidad, no sólo al alcance de sacerdotes y monjas, sino también de los laicos de todas las edades y condiciones sociales.

Fuente: Revista Heraldos del Evangelio, Octubre/2005, n. 21, pag. 22 – 25

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La familia es como una “iglesia”, pero doméstica

Los padres fueron constituidos en autoridad para predicar con sus enseñanzas, pero principalmente para “predicar” con su testimonio de vida, dado que la familia es “una escuela del más rico humanismo” (Gaudium et spes, 52).

P. Fernando Gioia, EP.

Al principio el hombre estaba solo, y Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle a alguien como él, que le ayude” (Gén, 2, 18), hacerle una ayuda semejante a él que lo complete. Y así se dio, que, por su mujer, dejará a su padre y a su madre, se unirá a ella, serán dos en una sola carne.

sagradafamiliaNacía allí, en el orden natural, la más pequeña de las comunidades humanas: la familia. Surgía posteriormente la sociedad, formada por el conjunto de familias, como un cuerpo se constituye de sus miembros. Vemos así cómo la institución de la familia es anterior a la sociedad humana, pues el hombre primero es miembro de una familia antes de ser ciudadano de una nación. Lógicamente, bien común de una sociedad, nacerá del mutuo relacionamiento entre las familias, dependiendo este, a su vez, del bien común de las familias.

Pero, muchos se preguntan: ¿Cómo lograr el “bien común” de la familia? Momentos difíciles está pasando esta institución. Rodeada de múltiples adversidades y peligros, navega la familia en mares revueltos, y esto repercute en la sociedad que nos rodea. Bien afirmaba el documento conciliar Gaudium et spes (47): “El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”.

Con la intención de ayudar ante estas circunstancias, dando un aporte simple pero que considero de profundidad, me recordaba que –en viejos tiempos de estudios sobre el tema– había guardado un esquema sobre la familia de Profesores de la Orden de Santo Domingo en Salamanca. Si bien es de hace cuarenta años atrás, mantiene su actualidad y, principalmente, se destaca en la belleza de su argumentación y comparación.

Era la consideración de la institución de la familia –como la calificara posteriormente en 1981 San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Familiaris consortio” (21)– como una “iglesia doméstica”. Esto, siempre y cuando el relacionamiento mutuo se realice con base en el amor de Dios, dando lugar, en el convivio familiar, a que el amor pase por encima de todo.

Con relación al hogar, a la vida de familia, aquella compilación de ideas de estos sabios sacerdotes de Salamanca, nos hablaba de que podríamos considerar tres aspectos: el hogar material, el hogar espiritual y el hogar templo. Creo que pocas veces, queridos lectores, hemos pensado en esta clasificación tan singular y decidora.

Cuando pensamos en los aposentos que conforman nuestros hogares, podrán ellos ser mejor o peor acondicionados, pero es donde se reúne la familia, donde pasa –al menos lo era en otros tiempos– la mayor parte de la vida. Protegidos son de las inclemencias del tiempo y de los extraños. Realmente podremos decir que la casa es donde nos encontramos con nuestros seres más queridos, es el rincón del mundo más deseado del corazón humano.

murillo-sagrada_familiaPero un hogar puede estar bien construido y amueblado, al ser este el “hogar material”, será el cuerpo pero no el alma. El alma de la casa, el “hogar espiritual”, es constituido por los momentos familiares. Circunstancias de alegría, períodos de tristeza, tiempos de dificultad.

Estos aspectos serían materia muy aprovechable para numerosos artículos periodísticos de opinión. Sin embargo, mi intención es sobresaltar el aspecto de la familia, el hogar, la casa, como una “iglesia doméstica”, como “hogar templo”.

Y no considere algún profano que es una exageración de nuestra parte considerar a la familia así. El hogar es un lugar sagrado, no lo podrán negar, es el espacio en que Dios hace sentir su presencia. Veamos.

En el centro de las iglesias hay un “altar” hacia donde se concentran las atenciones de los fieles, altar en donde se renueva el sacramento de la Cruz. En las familias hay también altares, son los corazones de los que la forman. En ese “altar”, en nuestra cotidianidad, se ofrecen cada día sacrificios en el cumplimiento del deber de cada uno: la mutua comprensión, la tolerancia con los defectos del otro, la exigencia del cuidado y la educación de los hijos, la obediencia de parte de los hijos para con sus padres, el esfuerzo cotidiano del trabajo doméstico, etcétera.

Bueno, pero, ¿y qué más padre nos va a introducir en nuestros hogares, además del “altar”? Pues… los “confesionarios”. Por más que tengamos buen carácter, buena voluntad, seamos bien portados, a veces, ofendemos no solo a Dios sino al prójimo. Aparecerá en nuestras familias siempre alguna ofensa, algo que sea desagradable para los demás. Si somos sinceros, si quedamos arrepentidos, deberá haber perdón y olvido generoso, como lo tiene Dios Nuestro Señor para con nosotros.

Y por qué no recordar que también en el hogar hay “predicación”. Los padres fueron constituidos en autoridad para predicar con sus enseñanzas, pero principalmente para “predicar” con su testimonio de vida, dado que la familia es “una escuela del más rico humanismo” (Gaudium et spes, 52).

Si volvemos nuestras miradas a la Sagrada Familia –Jesús, José y María– en Nazaret, aprenderemos de esa vida doméstica lo que es la vida de familia. Que “su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología”, decía Pablo VI, en 1964, en su visita a Tierra Santa.

Rodeada de la ruidosa vida moderna, presionada por los factores de deterioro moral y social que nos envuelven, no dejemos de considerar la belleza de esta “iglesia doméstica”; de esta “primera escuela de oración”, en el decir de Benedicto XVI (28-12-2011); pilar fundamental de una sociedad bien ordenada y constituida; “escuela de virtudes humanas y cristianas” (Catecismo, 350).

Que los esposos, compenetrados de que conforman una institución sagrada –bendecida por Dios– renueven a todo momento el amor mutuo, sean de corazón generoso, acompañen las dificultades con espíritu de sacrificio, sean hombres y mujeres de oración. Desafiando así el hedonismo tan difundido que “banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza” (Benedicto XVI, 5-6-2006). Y al mismo tiempo, los padres, sean para con sus hijos, “los primeros predicadores, mediante la palabra y el ejemplo” (Lumen Gentium, 11).

Nacimiento de la Virgen

(Trechos Homilía del Cardenal J. Ratzinger – SS. Benedicto XVI) 

El nacimiento de María Santísima trae al mundo el anuncio jubiloso de una buena nueva: la madre del Salvador ya está entre nosotros. Es el amanecer que anuncia nuestra salvación, el inicio histórico de la obra de la Redención.

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Y “¿cómo celebraremos el nacimiento de María?”

Esta pregunta, hecha por San Pedro Damián en su “Segundo Sermón sobre la Natividad de Nuestra Señora”, todavía surge cuando se trata de conmemorar esa solemnidad. El acontecimiento es demasiado grandioso. Y de esta forma, el santo justificó su perplejidad:

Virgen Niña, venerada en al Básilica de Guadalupe, México

Virgen Niña, venerada en al Básilica de Guadalupe, México

“Las tinieblas del paganismo y la falta de fe de los judíos, representadas por el templo de Salomón, sucede al día luminoso en el templo de María”. Es justo, por lo tanto, cantar en este día y a Aquella que en él nació. Pero, ¿cómo podríamos celebrarlo dignamente? Podemos narrar las hazañas heroicas de un mártir o las virtudes de un santo porque son humanas. Pero, ¿cómo podrían las palabras mortales, pasajeras y transitorias, exaltar a Aquella que dio a luz la Palabra que permanece? ¿Cómo decir que el Creador nace de una criatura?”

Una fiesta de Alegría

Está enteramente de acuerdo con el espíritu de la Iglesia festejar con alegría la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María. Su conmemoración es realizada el día 8 de Septiembre. “La celebración de hoy es para nosotros el comienzo de todas las fiestas”, afirma el Calendario Litúrgico Bizantino. El nacimiento de María Santísima trae al mundo el anuncio jubiloso de una buena nueva: la madre del Salvador ya está entre nosotros. Es el amanecer que anuncia nuestra salvación, el inicio histórico de la obra de la Redención.

San Pedro Damián afirma en su homilía para esta fiesta: “Dios omnipotente, antes que el hombre cayese, previno su caída y decidió, antes de los siglos, la redención humana. Decidió Él encarnar en María.” “Hoy es el día en que Dios comienza a poner en práctica su plan eterno, pues era necesario que se construyese la casa, antes que el Rey descendiese para habitarla. Casa hermosa, pues, si la Sabiduría construyó una casa con siete columnas trabajadas, este palacio de María está conectado a la tierra en los siete dones del Espíritu Santo. Salomón celebró de modo solemne la inauguración de un templo de piedra. ¿Cómo celebraremos el nacimiento de María, templo del Verbo encarnado? En aquel día la gloria de Dios descendió sobre el templo de Jerusalén bajo la forma de una nube, que los oscureció.

El Señor que hace brillar al sol en los cielos, para su morada entre nosotros escogió la oscuridad (1Rs 8,10-12), dice Salomón en su oración a Dios. Este mismo templo estará repleto por el propio Dios, que viene para ser la luz de los pueblos.”

Alegría hasta para los Ángeles

La alegría en las conmemoraciones de la fiesta litúrgica del nacimiento de Nuestra Señora alienta a todos, incluso a los ángeles:

Presentación de la Virgen en el Templo

        Presentación de la Virgen en el Templo

“Alégrense los Patriarcas del Antiguo Testamento que, en María, reconocieron la figura de la Madre del Mesías. Ellos y los justos de la Antigua Ley esperaban hace siglos, ser admitidos en la gloria celestial por la aplicación en la fe de los méritos de Cristo, el bendito fruto de la Virgen María.

Alégrense todos los hombres porque el nacimiento de la Virgen vino a traer la aurora del gran día de la liberación que esperan todos los pueblos. Alégrense todos los ángeles porque en este día les fue permitido por primera vez la oportunidad de reverenciar a su futura Reina.” (Lehmann, P. JB. Na luz Perpétua, 1959 p.268)

Sólo en el Cielo hubo Fiesta

Aunque siendo María la “Virgen bella y Gloriosa” que Dios amó con predilección desde toda la eternidad, desde toda la Creación como su obra prima, enriquecida de las gracias más sublimes y elevada a la excelsa dignidad de Madre de Dios, (Patriarca Fócio, Homilía sobre a la Natividad, PG 43) visiblemente, ningún acontecimiento extraordinario acompañó el nacimiento de María.

Los Evangelios no dicen nada sobre su nacimiento. Ningún relato de profecías, ni apariciones de ángeles, ni señales extraordinarias son narrados por los evangelistas. Sólo en el Cielo hubo Fiesta, pues el Hijo de Dios vio a nacer a su Madre.

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¿Por qué el mundo que vivimos está en un caos incomprensible?

Tiempos pasados parecen ser los momentos en que el respeto a los mayores, el orden en las cosas de la vida, el miramiento hacia los necesitados, las normas más elementales de urbanidad, las formas de vestir y comportarse, y los estilos de conversación, eran tomadas en consideración en la vida diaria

Por el año 1969, un profesor de psicología social realizó un singular experimento que recibió el nombre de “síndrome de la ventana rota”. Consideremos, para facilitar el acompañamiento de este artículo, que síndrome es un indicio, una manifestación, una señal, un síntoma. Su resultado y sus comentarios corrieron por el mundo demostrando un aspecto que dará luz para comprender mejor el fenómeno de caos incomprensible que vive el mundo contemporáneo. Conocer sus causas, y especialmente revertir la situación hacia una restauración de la vida cristiana –y por lo tanto ordenada– en la sociedad, es la preocupación de no pocos.carrro

El profesor Phillip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, de Estados Unidos, dejó dos autos iguales abandonados en la calle. Uno en una zona rica y tranquila (Palo Alto, California), otro en una zona pobre y conflictiva (Bronx, en Nueva York). El vehículo dejado en la zona pobre no tardó en ser desmantelado en pocos días. El de la zona rica, seguía igual al cabo de una semana.

Continuando con el experimento procedió a romper uno de los vidrios del vehículo que se encontraba en la zona rica y tranquila. No tardó en comenzar el desmantelamiento de igual forma que había ocurrido en la zona pobre.

En el primero el desmantelamiento fue casi inmediato. En el segundo, nada pasó durante la primera semana. Para que comenzara a ocurrir algo los investigadores sociales tuvieron que proceder a romper un vidrio, dando idea de un total abandono, lo cual incentivó el robo y el vandalismo. “Ese –como que– mensaje rompe unos misteriosos códigos de convivencia y transmite la idea de ausencia de ley, de normas, de reglas, como si valiera todo”. Es lo que demuestra el articulista Alfonso Aguiló, vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios para la Educación, de cómo los pequeños detalles modelan todo el modo de ser de las personas.

Tiempos pasados parecen ser los momentos en que el respeto a los mayores, el orden en las cosas de la vida, el miramiento hacia los necesitados, las normas más elementales de urbanidad, las formas de vestir y comportarse, y los estilos de conversación, eran tomadas en consideración en la vida diaria. Pero hoy, nos dice sabiamente este articulista, que “son detalles pequeños que constituyen y modelan todo un modo de ser. Pequeños rasgos o gestos sin aparente importancia, pero que configuran bastantes de los principios más importantes” (Revista Hacer Familia, n.º 200, 10-10-2010).

El fenómeno llamado de secularización que se vive, quitando cualquier señal, signo o presencia de realidades superiores, produce una diminución del sentido de lo sagrado, afectando automáticamente el convivio humano.

De forma progresiva, gradual, se ha ido atenuando, perdiéndose de forma imperceptible el significado de lo sagrado y, como terrible consecuencia, perdiéndose la presencia de Dios entre los hombres. Definía San Juan Pablo II al secularismo como “un movimiento de ideas y costumbres, defensor de un humanismo que hace total abstracción de Dios, y que se concentra totalmente en el culto del hacer y del producir, a la vez que embriagado por el consumo y el placer”, en la Exhortación Reconciliatio et Penitentia, agregando que todo esto minaba el sentido del pecado.

En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI de “proceso continuo de descristianización”

En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI  de      proceso continuo de descristianización”

Estamos en un momento de continuas transformaciones. Este fenómeno se produce –como en el caso de la “ventana rota” de un automóvil con aspecto de abandonado– cuando se sobrepone lo natural a lo sobrenatural, cuando las formas de presentarse y de vivir, cuando la música, la literatura y el arte no tienen la calidad y belleza que corresponden. Cuando todo esto ocurre, la consecuencia es la situación de caos que estamos presenciando. Al romperse el vínculo con Dios, se nota la incertidumbre social, la sociedad se descompone y se desvía para defectuosos derroteros. La vida pierde su objetivo, quedando afectada por el ambiente cultural que la rodea, por un secularismo que niega lo sobrenatural, lo transcendente, queriendo sacarlo de escena. En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI de “proceso continuo de descristianización” (10-12-2010).

La institución de la familia es –entre otras– una de las que más sufren los embates de este penetrante fenómeno, “atravesando una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales”, en palabras de Francisco en la Evangelii Gaudium (66).

Esta atmósfera de secularización que se ha ido difundiendo en diversas partes del mundo envuelve especialmente los jóvenes y los somete a la presión del ambiente. Se pierde el sentido de Dios y en consecuencia se pierde incluso el sentido profundo del amor conyugal y de la familia; como profundiza el Pontificio Consejo para la Familia en su documento para la preparación del Sacramento del Matrimonio (13-5-1996), es preocupante la “crisis de los valores morales y, en particular, la pérdida de la identidad del matrimonio y de la familia cristiana, y por lo tanto del sentido mismo del noviazgo”.

El tema es de vital importancia para los hombres de hoy. Sin tener en cuenta estas graves circunstancias no se logrará salir del caos que nos rodea. Benedicto XVI decía al Episcopado Francés (19-11-2012) que nos encontramos ante “un enorme desafío de vivir en una sociedad que no siempre comparte las enseñanzas de Cristo y que, en ocasiones, trata de ridiculizar o marginar a la Iglesia intentando confinarla exclusivamente a la esfera privada”. Es lo que advierte Francisco en la Evangelii Gaudium (64) al decir que “el proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo”.

La Constitución Conciliar Gaudium et spes (7) alertaba que la negación de Dios en muchas regiones se encontraba expresada “no sólo a niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia, y la misma legislación civil”.

Se pretende excluir a Dios de la vida de las personas “hasta el intento de marginarla de la vida pública”, es la afirmación actualizada de Benedicto XVI (30-5-2011).

“Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso”

“Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso”

Esta realidad, que penetrando silenciosa –porque no la sentimos ya que actúa como una radioactividad– desencadena la pérdida del sentido del pecado, es el relativismo. Pío XII ya lo decía, en frase proverbial: “El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado” (26-10-1946). San Juan Pablo II, en homilía a jóvenes universitarios: “Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso” (26-3-1981). Francisco, en una de sus homilías: “Que el Señor nos dé siempre la gracia de no perder el sentido del pecado” (31-1-2014).

Así se va extendiendo un ambiente de secularismo, se produce una crisis de valores morales que nos llena de preocupación. Un entrechoque entre dos mundos espirituales, según decir del papa Emérito Benedicto en Luz del Mundo (70): “El mundo de la fe y el mundo del secularismo”.

En este avance avasallador del secularismo, en animosidad abierta contra la presencia de la Iglesia católica con su mensaje evangélico, vemos el intento de desplazar, desarraigar, de expulsar la cultura y la fe cristiana de los pueblos. Ante eso, la Comisión Pontificia para América Latina (28-2-2012) incentivaba a “actualizar, reformular y revitalizar la tradición católica, arraigándola más profundamente en el corazón de las personas, en la vida de las familias y en la cultura de los pueblos, para que resplandezca como belleza de la verdad, promesa de felicidad y novedad de vida más humana para todos”.