Peregrinación a San José el Espino

san_jose_el_espino_020En el marco del mes del rosario, la imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María, visitó la parroquia de San José El Espino, Departamento de Cuscatlán.

La proseción tuvo inicio en el sector la Torre donde recorrió las principales calles de la parroquia. Después de la entrada solemne de la imagen peregrina el párroco, P. John Fredy Caro, coronó la Santísima Virgen como reina de todas las familias de todos los fieles de San José el Espino. En su homilía el párroco insistió en la importancia y necesidad del rezo del santo rosario, como también la propagación del Apostolado del Oratorio. Antes de la bendición finala el P. Caro consagró la parroquia al Inmaculado Corazón de María.

Al finalizar la santa misa, se fue en porcesión con la Augusta Señora, al sector Zacamil, donde se rezó el rosario en el patio de unas de las casas entre cantos y cohetes.

Por la tarde la imagen se dirigió hasta el cantón La Lomas de Guadalupe, en procesión, donde al finalizar tuvo lugar la Eucaristía y después de la prédica del padre John Fredy se coronó nuevamente a la Santísima Virgen como reina de todo este cantón.

Al finalizar, para despedir a Nuestra Señora, se cantó el Ave de Fátima a luz de las candelas.

Cabe aquí un agradecimiento todo especiál al padre  John Fredy Caro por toda la dedicación y entuciasmo en la preparación en el recibimineto a la Santísima Virgen.

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el Santo Rosario y la intervención de la Santísima Virgen en la historia de la humanidad

Numerosas muestras dio la Madre de Dios de predilección por el Santo Rosario, y una de ellas definió la supervivencia de la religión católica.

La Iglesia Católica dedica especialmente el mes de octubre a la promoción del rezo del Santo Rosario y celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario el día 07 como conmemoración de uno de los grandes favores que la Santísima Virgen otorgó a la Iglesia en 1571. Pero la devota práctica de la repetición del saludo del Arcángel Gabriel a la Madre de Dios tiene mucha más historia. Cuando las cuentas del Rosario se deslicen entre sus dedos durante este mes (y ojalá frecuentemente), puede estar seguro de que los siglos de la historia de la Iglesia, pasados y venideros, se escriben entre esas avemarías.

Una breve historia del Santo Rosario

santo domingoLos antecedentes del Santo Rosario se rastrean comúnmente a la recitación de los 150 Salmos del Rey David, una devota y antigua práctica que era accesible sólo a las personas instruidas, capaces de poseer y leer los textos. Muchos otros fieles conmutaban la oración por la repetición del saludo del Arcángel a la Santísima Virgen, a lo que se llamó el “Salterio de la Virgen”. Esta humilde oración reveló con el tiempo una especialísima predilección de la Madre de Dios, quien procuró elevarla a la devoción mariana más recomendada por los Pontífices en la historia.

En el Siglo XII, cuando el “Salterio de la Virgen” no tenía aún su forma actual, Santo Domingo de Guzmán recibió una revelación de enorme importancia. Habiendo hecho enormes penitencias por la difícil conversión de los albigenses, la Santísima Virgen le aconsejó su salterio como un arma mucho más eficaz que el flagelo con el cual se disciplinaba. El Santo se dirigió a la Catedral de Tours y convocó a los fieles para predicarles, pero se desató una terrible tormenta que sólo amainó con el rezo del salterio. Con esta señal sobrenatural comenzó un intenso apostolado para promover la devoción.

La labor apostólica de Santo Domingo obtuvo gran éxito de manos de la Santísima Virgen a través de esta oración, y su práctica se mantuvo en auge durante un siglo, hasta que fue paulatinamente cayendo en el olvido.

En 1349, en medio de la tragedia de la epidemia de la “muerte negra”, otro dominico, el P. Alan de la Roche vio una aparición de Nuestra Señora, quien le pidió personalmente restaurar la devoción del salterio. El religiosos, junto con los frailes de su comunidad comenzaron una nueva campaña de fomento de la práctica, esta vez dándole su forma actual con la autorización de la Iglesia.

¿Por qué octubre?

lepantoA pesar de que los milagros obrados por la intercesión de la Santísima Virgen son incontables, uno en especial mereció la institución del Día de la Virgen del Rosario el día siete de octubre. En el año de 1571, la civilización cristiana sintió que su supervivencia dependería de una batalla. La poderosa fuerza naval del Imperio Otomano desafió a la llamada Liga Santa: una armada formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El enfrentamiento tenía tal importancia que Miguel de Cervantes, quien luchó aquel día, no dudó en llamarla “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”.

Durante la batalla, los católicos rezaron el Santo Rosario por solicitud del Papa San Pío V y, a pesar de las dificultades, las fuerzas cristianas consiguieron hacerse con la victoria. Por este motivo, se ordenó el toque de las campanas y una solemne procesión, adjudicando a la Santísima Virgen el triunfo e instituyendo la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias en la fecha de la confrontación: el 07 de octubre. El Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la solemnidad al de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

El Santo Rosario en nuestros días

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario.

En el mensaje de Fátima, en 1917, la Santísima Virgen actualiza para nuestra época el llamado a la oración del Santo Rosario y promete una vez más su intervención en la historia de la humanidad, dando origen a una renovada devoción. El Beato Juan Pablo II dedicó una Carta Apostólica a esta oración, en la que “el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”. El propio Pontífice señaló que esta oración tuvo gran importancia en todos los momentos de su vida, de la que afirmó: “El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”.

“El Santo Rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia”, afirmó por su parte en 2009 Benedicto XVI. “Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera”. Siguiendo la reflexión del Beato Juan Pablo II, el Pontífice también renovó su invitación en 2012: ” invito a rezar el Rosario personalmente, en familia y en comunidad, colocándonos en la escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe”.

Por estos motivos, y en unión a la riquísima tradición de amor a la Santísima Virgen, ninguna invitación puede ser mejor en este mes de octubre que honrar la piadosa costumbre de rezar devotamente el Santo Rosario. En el día de hoy, tal como en 1571 y en tantas otras oportunidades, la historia de los hombres y de la Iglesia de Cristo pende de la cadenilla y las cuentas de la más arraigada muestra de oración sincera a la Madre de Dios.

Fuente: Gaudium Press / Miguel Farías.

Ángel de la guarda

12143347_1008295822523765_7000748839764599158_nEn la S. Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”. Un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos.
Ya en el siglo II el gran sabio Orígenes decía: “Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Y se basa esta creencia en la frase del Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos”. Y en aquella otra frase tan famosa de Jesús: “Cuidad de no escandalizar a ninguno de estos pequeñuelos, porque sus ángeles están siempre contemplando el rostro de mi Padre Celestial”. Y Judit en la Biblia al ser recibida como libertadora de Betulia exclamaba: “El ángel del Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá , y en el viaje de venida”.

Nuestro Señor ¿tenía ángel de la guarda? Sepa la respuesta en este vídeo.

Ángeles de la guarda

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La santidad al alcance de las personas comunes

santa teresitaLa misma santa Teresita, en los Manuscritos Autobiográficos, explica en qué consiste su “pequeña vía” de santidad: “Siempre quise ser santa, pero –¡pobre de mí!– siempre comprobé, al compararme con los santos, que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en los cielos y el oscuro grano de arena pisado por los transeúntes. Lejos de desanimar, me dije a mí misma: ‘El buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables. Luego, pese a mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Hacerme grande es imposible; debo, pues, soportarme tal como soy, con todas mis imperfecciones, pero quiero buscar un medio de ir al Cielo por una pequeña vía muy recta, muy corta, una pequeña vía enteramente nueva’.”

***

Por ese entonces, el recién inventado ascensor generaba un gran revuelo, evitando a las personas el esfuerzo de subir escaleras. Sor Teresita sintió un gran deseo de “encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la ruda escala de la perfección” . Se puso a buscar entonces en los Libros Sagrados y encontró este pensamiento: “Si alguno es simple, venga acá” (Prov 9,4). Continuando su búsqueda encontró esta afirmación: “Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré […] En brazos seréis llevados” (Is 66, 12-13). Y concluyó llena de gozo: “¡Ah! El elevador que debe levantarme al Cielo son tus brazos, oh Jesús!”

La lectura atenta y amorosa de los santos Evangelios arrojó más luz: “Si no os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3). “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Mc 10, 14).

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Santa Teresita en la cama, bajo los arcos del Claustro del Carmelo de Lisieux, aproximadamente un mes antes de fallecer

Quedaba explícito el significado de la “pequeña vía”, el camino de la infancia espiritual. En ella, lo importante no está en las grandes mortificaciones corporales, sino en aceptar con humildad la propia pequeñez, las propias limitaciones, hasta las propias imperfecciones, y tener un amor y una confianza ilimitados en la bondad de Dios; y, como fruto de ese amor, tener deseos inmensos de realizar con perfección los pequeños actos de la vida diaria.

Con su doctrina, y sobre todo con su ejemplo, la dulce carmelita de Lisieux demostró que la santidad es accesible a todos. “Vivió la santidad pura y simple, con todo el encanto y seducción del alma moderna, muy humana y muy cercana a nosotros” , afirma uno de sus más insignes biógrafos.

Al canonizarla –más todavía al proclamarla Doctora de la Iglesia– la Santa Iglesia oficializó su “pequeña vía” como un auténtico camino de santidad; algo que afirmó claramente el Papa Benedicto XV en un discurso del 14 de agosto de 1921: “En el camino de la infancia espiritual está el secreto de la santidad para los fieles del mundo entero”. Y la bula de canonización señala que Dios, por medio de santa Teresita, propone a los hombres un nuevo modelo de santidad, no sólo al alcance de sacerdotes y monjas, sino también de los laicos de todas las edades y condiciones sociales.

Fuente: Revista Heraldos del Evangelio, Octubre/2005, n. 21, pag. 22 – 25

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La familia es como una “iglesia”, pero doméstica

Los padres fueron constituidos en autoridad para predicar con sus enseñanzas, pero principalmente para “predicar” con su testimonio de vida, dado que la familia es “una escuela del más rico humanismo” (Gaudium et spes, 52).

P. Fernando Gioia, EP.

Al principio el hombre estaba solo, y Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle a alguien como él, que le ayude” (Gén, 2, 18), hacerle una ayuda semejante a él que lo complete. Y así se dio, que, por su mujer, dejará a su padre y a su madre, se unirá a ella, serán dos en una sola carne.

sagradafamiliaNacía allí, en el orden natural, la más pequeña de las comunidades humanas: la familia. Surgía posteriormente la sociedad, formada por el conjunto de familias, como un cuerpo se constituye de sus miembros. Vemos así cómo la institución de la familia es anterior a la sociedad humana, pues el hombre primero es miembro de una familia antes de ser ciudadano de una nación. Lógicamente, bien común de una sociedad, nacerá del mutuo relacionamiento entre las familias, dependiendo este, a su vez, del bien común de las familias.

Pero, muchos se preguntan: ¿Cómo lograr el “bien común” de la familia? Momentos difíciles está pasando esta institución. Rodeada de múltiples adversidades y peligros, navega la familia en mares revueltos, y esto repercute en la sociedad que nos rodea. Bien afirmaba el documento conciliar Gaudium et spes (47): “El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar”.

Con la intención de ayudar ante estas circunstancias, dando un aporte simple pero que considero de profundidad, me recordaba que –en viejos tiempos de estudios sobre el tema– había guardado un esquema sobre la familia de Profesores de la Orden de Santo Domingo en Salamanca. Si bien es de hace cuarenta años atrás, mantiene su actualidad y, principalmente, se destaca en la belleza de su argumentación y comparación.

Era la consideración de la institución de la familia –como la calificara posteriormente en 1981 San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Familiaris consortio” (21)– como una “iglesia doméstica”. Esto, siempre y cuando el relacionamiento mutuo se realice con base en el amor de Dios, dando lugar, en el convivio familiar, a que el amor pase por encima de todo.

Con relación al hogar, a la vida de familia, aquella compilación de ideas de estos sabios sacerdotes de Salamanca, nos hablaba de que podríamos considerar tres aspectos: el hogar material, el hogar espiritual y el hogar templo. Creo que pocas veces, queridos lectores, hemos pensado en esta clasificación tan singular y decidora.

Cuando pensamos en los aposentos que conforman nuestros hogares, podrán ellos ser mejor o peor acondicionados, pero es donde se reúne la familia, donde pasa –al menos lo era en otros tiempos– la mayor parte de la vida. Protegidos son de las inclemencias del tiempo y de los extraños. Realmente podremos decir que la casa es donde nos encontramos con nuestros seres más queridos, es el rincón del mundo más deseado del corazón humano.

murillo-sagrada_familiaPero un hogar puede estar bien construido y amueblado, al ser este el “hogar material”, será el cuerpo pero no el alma. El alma de la casa, el “hogar espiritual”, es constituido por los momentos familiares. Circunstancias de alegría, períodos de tristeza, tiempos de dificultad.

Estos aspectos serían materia muy aprovechable para numerosos artículos periodísticos de opinión. Sin embargo, mi intención es sobresaltar el aspecto de la familia, el hogar, la casa, como una “iglesia doméstica”, como “hogar templo”.

Y no considere algún profano que es una exageración de nuestra parte considerar a la familia así. El hogar es un lugar sagrado, no lo podrán negar, es el espacio en que Dios hace sentir su presencia. Veamos.

En el centro de las iglesias hay un “altar” hacia donde se concentran las atenciones de los fieles, altar en donde se renueva el sacramento de la Cruz. En las familias hay también altares, son los corazones de los que la forman. En ese “altar”, en nuestra cotidianidad, se ofrecen cada día sacrificios en el cumplimiento del deber de cada uno: la mutua comprensión, la tolerancia con los defectos del otro, la exigencia del cuidado y la educación de los hijos, la obediencia de parte de los hijos para con sus padres, el esfuerzo cotidiano del trabajo doméstico, etcétera.

Bueno, pero, ¿y qué más padre nos va a introducir en nuestros hogares, además del “altar”? Pues… los “confesionarios”. Por más que tengamos buen carácter, buena voluntad, seamos bien portados, a veces, ofendemos no solo a Dios sino al prójimo. Aparecerá en nuestras familias siempre alguna ofensa, algo que sea desagradable para los demás. Si somos sinceros, si quedamos arrepentidos, deberá haber perdón y olvido generoso, como lo tiene Dios Nuestro Señor para con nosotros.

Y por qué no recordar que también en el hogar hay “predicación”. Los padres fueron constituidos en autoridad para predicar con sus enseñanzas, pero principalmente para “predicar” con su testimonio de vida, dado que la familia es “una escuela del más rico humanismo” (Gaudium et spes, 52).

Si volvemos nuestras miradas a la Sagrada Familia –Jesús, José y María– en Nazaret, aprenderemos de esa vida doméstica lo que es la vida de familia. Que “su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología”, decía Pablo VI, en 1964, en su visita a Tierra Santa.

Rodeada de la ruidosa vida moderna, presionada por los factores de deterioro moral y social que nos envuelven, no dejemos de considerar la belleza de esta “iglesia doméstica”; de esta “primera escuela de oración”, en el decir de Benedicto XVI (28-12-2011); pilar fundamental de una sociedad bien ordenada y constituida; “escuela de virtudes humanas y cristianas” (Catecismo, 350).

Que los esposos, compenetrados de que conforman una institución sagrada –bendecida por Dios– renueven a todo momento el amor mutuo, sean de corazón generoso, acompañen las dificultades con espíritu de sacrificio, sean hombres y mujeres de oración. Desafiando así el hedonismo tan difundido que “banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza” (Benedicto XVI, 5-6-2006). Y al mismo tiempo, los padres, sean para con sus hijos, “los primeros predicadores, mediante la palabra y el ejemplo” (Lumen Gentium, 11).

Nacimiento de la Virgen

(Trechos Homilía del Cardenal J. Ratzinger – SS. Benedicto XVI) 

El nacimiento de María Santísima trae al mundo el anuncio jubiloso de una buena nueva: la madre del Salvador ya está entre nosotros. Es el amanecer que anuncia nuestra salvación, el inicio histórico de la obra de la Redención.

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Y “¿cómo celebraremos el nacimiento de María?”

Esta pregunta, hecha por San Pedro Damián en su “Segundo Sermón sobre la Natividad de Nuestra Señora”, todavía surge cuando se trata de conmemorar esa solemnidad. El acontecimiento es demasiado grandioso. Y de esta forma, el santo justificó su perplejidad:

Virgen Niña, venerada en al Básilica de Guadalupe, México

Virgen Niña, venerada en al Básilica de Guadalupe, México

“Las tinieblas del paganismo y la falta de fe de los judíos, representadas por el templo de Salomón, sucede al día luminoso en el templo de María”. Es justo, por lo tanto, cantar en este día y a Aquella que en él nació. Pero, ¿cómo podríamos celebrarlo dignamente? Podemos narrar las hazañas heroicas de un mártir o las virtudes de un santo porque son humanas. Pero, ¿cómo podrían las palabras mortales, pasajeras y transitorias, exaltar a Aquella que dio a luz la Palabra que permanece? ¿Cómo decir que el Creador nace de una criatura?”

Una fiesta de Alegría

Está enteramente de acuerdo con el espíritu de la Iglesia festejar con alegría la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María. Su conmemoración es realizada el día 8 de Septiembre. “La celebración de hoy es para nosotros el comienzo de todas las fiestas”, afirma el Calendario Litúrgico Bizantino. El nacimiento de María Santísima trae al mundo el anuncio jubiloso de una buena nueva: la madre del Salvador ya está entre nosotros. Es el amanecer que anuncia nuestra salvación, el inicio histórico de la obra de la Redención.

San Pedro Damián afirma en su homilía para esta fiesta: “Dios omnipotente, antes que el hombre cayese, previno su caída y decidió, antes de los siglos, la redención humana. Decidió Él encarnar en María.” “Hoy es el día en que Dios comienza a poner en práctica su plan eterno, pues era necesario que se construyese la casa, antes que el Rey descendiese para habitarla. Casa hermosa, pues, si la Sabiduría construyó una casa con siete columnas trabajadas, este palacio de María está conectado a la tierra en los siete dones del Espíritu Santo. Salomón celebró de modo solemne la inauguración de un templo de piedra. ¿Cómo celebraremos el nacimiento de María, templo del Verbo encarnado? En aquel día la gloria de Dios descendió sobre el templo de Jerusalén bajo la forma de una nube, que los oscureció.

El Señor que hace brillar al sol en los cielos, para su morada entre nosotros escogió la oscuridad (1Rs 8,10-12), dice Salomón en su oración a Dios. Este mismo templo estará repleto por el propio Dios, que viene para ser la luz de los pueblos.”

Alegría hasta para los Ángeles

La alegría en las conmemoraciones de la fiesta litúrgica del nacimiento de Nuestra Señora alienta a todos, incluso a los ángeles:

Presentación de la Virgen en el Templo

        Presentación de la Virgen en el Templo

“Alégrense los Patriarcas del Antiguo Testamento que, en María, reconocieron la figura de la Madre del Mesías. Ellos y los justos de la Antigua Ley esperaban hace siglos, ser admitidos en la gloria celestial por la aplicación en la fe de los méritos de Cristo, el bendito fruto de la Virgen María.

Alégrense todos los hombres porque el nacimiento de la Virgen vino a traer la aurora del gran día de la liberación que esperan todos los pueblos. Alégrense todos los ángeles porque en este día les fue permitido por primera vez la oportunidad de reverenciar a su futura Reina.” (Lehmann, P. JB. Na luz Perpétua, 1959 p.268)

Sólo en el Cielo hubo Fiesta

Aunque siendo María la “Virgen bella y Gloriosa” que Dios amó con predilección desde toda la eternidad, desde toda la Creación como su obra prima, enriquecida de las gracias más sublimes y elevada a la excelsa dignidad de Madre de Dios, (Patriarca Fócio, Homilía sobre a la Natividad, PG 43) visiblemente, ningún acontecimiento extraordinario acompañó el nacimiento de María.

Los Evangelios no dicen nada sobre su nacimiento. Ningún relato de profecías, ni apariciones de ángeles, ni señales extraordinarias son narrados por los evangelistas. Sólo en el Cielo hubo Fiesta, pues el Hijo de Dios vio a nacer a su Madre.

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¿Por qué el mundo que vivimos está en un caos incomprensible?

Tiempos pasados parecen ser los momentos en que el respeto a los mayores, el orden en las cosas de la vida, el miramiento hacia los necesitados, las normas más elementales de urbanidad, las formas de vestir y comportarse, y los estilos de conversación, eran tomadas en consideración en la vida diaria

Por el año 1969, un profesor de psicología social realizó un singular experimento que recibió el nombre de “síndrome de la ventana rota”. Consideremos, para facilitar el acompañamiento de este artículo, que síndrome es un indicio, una manifestación, una señal, un síntoma. Su resultado y sus comentarios corrieron por el mundo demostrando un aspecto que dará luz para comprender mejor el fenómeno de caos incomprensible que vive el mundo contemporáneo. Conocer sus causas, y especialmente revertir la situación hacia una restauración de la vida cristiana –y por lo tanto ordenada– en la sociedad, es la preocupación de no pocos.carrro

El profesor Phillip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, de Estados Unidos, dejó dos autos iguales abandonados en la calle. Uno en una zona rica y tranquila (Palo Alto, California), otro en una zona pobre y conflictiva (Bronx, en Nueva York). El vehículo dejado en la zona pobre no tardó en ser desmantelado en pocos días. El de la zona rica, seguía igual al cabo de una semana.

Continuando con el experimento procedió a romper uno de los vidrios del vehículo que se encontraba en la zona rica y tranquila. No tardó en comenzar el desmantelamiento de igual forma que había ocurrido en la zona pobre.

En el primero el desmantelamiento fue casi inmediato. En el segundo, nada pasó durante la primera semana. Para que comenzara a ocurrir algo los investigadores sociales tuvieron que proceder a romper un vidrio, dando idea de un total abandono, lo cual incentivó el robo y el vandalismo. “Ese –como que– mensaje rompe unos misteriosos códigos de convivencia y transmite la idea de ausencia de ley, de normas, de reglas, como si valiera todo”. Es lo que demuestra el articulista Alfonso Aguiló, vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios para la Educación, de cómo los pequeños detalles modelan todo el modo de ser de las personas.

Tiempos pasados parecen ser los momentos en que el respeto a los mayores, el orden en las cosas de la vida, el miramiento hacia los necesitados, las normas más elementales de urbanidad, las formas de vestir y comportarse, y los estilos de conversación, eran tomadas en consideración en la vida diaria. Pero hoy, nos dice sabiamente este articulista, que “son detalles pequeños que constituyen y modelan todo un modo de ser. Pequeños rasgos o gestos sin aparente importancia, pero que configuran bastantes de los principios más importantes” (Revista Hacer Familia, n.º 200, 10-10-2010).

El fenómeno llamado de secularización que se vive, quitando cualquier señal, signo o presencia de realidades superiores, produce una diminución del sentido de lo sagrado, afectando automáticamente el convivio humano.

De forma progresiva, gradual, se ha ido atenuando, perdiéndose de forma imperceptible el significado de lo sagrado y, como terrible consecuencia, perdiéndose la presencia de Dios entre los hombres. Definía San Juan Pablo II al secularismo como “un movimiento de ideas y costumbres, defensor de un humanismo que hace total abstracción de Dios, y que se concentra totalmente en el culto del hacer y del producir, a la vez que embriagado por el consumo y el placer”, en la Exhortación Reconciliatio et Penitentia, agregando que todo esto minaba el sentido del pecado.

En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI de “proceso continuo de descristianización”

En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI  de      proceso continuo de descristianización”

Estamos en un momento de continuas transformaciones. Este fenómeno se produce –como en el caso de la “ventana rota” de un automóvil con aspecto de abandonado– cuando se sobrepone lo natural a lo sobrenatural, cuando las formas de presentarse y de vivir, cuando la música, la literatura y el arte no tienen la calidad y belleza que corresponden. Cuando todo esto ocurre, la consecuencia es la situación de caos que estamos presenciando. Al romperse el vínculo con Dios, se nota la incertidumbre social, la sociedad se descompone y se desvía para defectuosos derroteros. La vida pierde su objetivo, quedando afectada por el ambiente cultural que la rodea, por un secularismo que niega lo sobrenatural, lo transcendente, queriendo sacarlo de escena. En este alejarse el mundo de Dios acabamos viendo lo que califica Benedicto XVI de “proceso continuo de descristianización” (10-12-2010).

La institución de la familia es –entre otras– una de las que más sufren los embates de este penetrante fenómeno, “atravesando una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales”, en palabras de Francisco en la Evangelii Gaudium (66).

Esta atmósfera de secularización que se ha ido difundiendo en diversas partes del mundo envuelve especialmente los jóvenes y los somete a la presión del ambiente. Se pierde el sentido de Dios y en consecuencia se pierde incluso el sentido profundo del amor conyugal y de la familia; como profundiza el Pontificio Consejo para la Familia en su documento para la preparación del Sacramento del Matrimonio (13-5-1996), es preocupante la “crisis de los valores morales y, en particular, la pérdida de la identidad del matrimonio y de la familia cristiana, y por lo tanto del sentido mismo del noviazgo”.

El tema es de vital importancia para los hombres de hoy. Sin tener en cuenta estas graves circunstancias no se logrará salir del caos que nos rodea. Benedicto XVI decía al Episcopado Francés (19-11-2012) que nos encontramos ante “un enorme desafío de vivir en una sociedad que no siempre comparte las enseñanzas de Cristo y que, en ocasiones, trata de ridiculizar o marginar a la Iglesia intentando confinarla exclusivamente a la esfera privada”. Es lo que advierte Francisco en la Evangelii Gaudium (64) al decir que “el proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo”.

La Constitución Conciliar Gaudium et spes (7) alertaba que la negación de Dios en muchas regiones se encontraba expresada “no sólo a niveles filosóficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretación de las ciencias humanas y de la historia, y la misma legislación civil”.

Se pretende excluir a Dios de la vida de las personas “hasta el intento de marginarla de la vida pública”, es la afirmación actualizada de Benedicto XVI (30-5-2011).

“Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso”

“Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso”

Esta realidad, que penetrando silenciosa –porque no la sentimos ya que actúa como una radioactividad– desencadena la pérdida del sentido del pecado, es el relativismo. Pío XII ya lo decía, en frase proverbial: “El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado” (26-10-1946). San Juan Pablo II, en homilía a jóvenes universitarios: “Aprended a llamar pecado al pecado, y no lo llaméis liberación y progreso” (26-3-1981). Francisco, en una de sus homilías: “Que el Señor nos dé siempre la gracia de no perder el sentido del pecado” (31-1-2014).

Así se va extendiendo un ambiente de secularismo, se produce una crisis de valores morales que nos llena de preocupación. Un entrechoque entre dos mundos espirituales, según decir del papa Emérito Benedicto en Luz del Mundo (70): “El mundo de la fe y el mundo del secularismo”.

En este avance avasallador del secularismo, en animosidad abierta contra la presencia de la Iglesia católica con su mensaje evangélico, vemos el intento de desplazar, desarraigar, de expulsar la cultura y la fe cristiana de los pueblos. Ante eso, la Comisión Pontificia para América Latina (28-2-2012) incentivaba a “actualizar, reformular y revitalizar la tradición católica, arraigándola más profundamente en el corazón de las personas, en la vida de las familias y en la cultura de los pueblos, para que resplandezca como belleza de la verdad, promesa de felicidad y novedad de vida más humana para todos”.

Escribir a mano: ¿un “arte” en extinción?

P. Fernando Gioia, EP.

basilica Nuestra Señora del Rosario de Fátima

Basílica Nuestra Señora del Rosario de Fátima

Entrando en la Basílica Nuestra Señora del Rosario de los Heraldos del Evangelio, en mi último viaje a la ciudad de San Pablo (Brasil), me detuve en un pequeño local de venta de libros y variados artículos religiosos.

Mirando y mirando –poco compré– encontré unos lindos cartones postales con fotos que mostraban la belleza del interior de la misma. Los tomé en mis manos pero, al mirar su reverso, me fijé que… ¡eran para escribir a mano!

De inmediato me vino a la memoria, que hacía mucho, pero mucho que no escribía, que no enviaba una postal, y más aún, ¡que hacía años que no mandaba una carta manuscrita! Había dejado de escribir a mano, había abandonado el encanto de hacer una carta escrita. La computadora estaba siendo un complemento de mi accionar diario.

Quedó rondando en mi pensamiento este tema. Me venían a la memoria mis tiempos de niño, en que escribíamos en la escuela con pluma y tinta, claro, manchando mucho nuestros guardapolvos, y ni que hablar de los cuadernos. En aquellos tiempos llegamos a ser encargados de guardar los tinteros, vasitos de porcelana que entraban por razones obvias en un agujero del pupitre de cada uno, en un lugar seguro hasta el día siguiente. El cap12_001tiempo pasó. Pero, ¿qué pasó en ese tiempo?

Me interesé en profundizar, pues me parecía de suma importancia que en los días de hoy no solo para educadores sino principalmente para los jóvenes y niños, fui encontrando afirmaciones que me dejaban aún más pensativo: “La escritura a mano nos diferencia a unos de los otros”, “la pluma y el papel impone una actitud reflexiva”, “es un lenguaje del alma que hace únicas a las personas”, “el ocaso de la escritura cursiva responde a la nostalgia (como en cierta forma es lo que sentí) o constituye una emergencia cultural”.

En mi afán de investigar el tema encontré un “grito” de alerta publicado en el conocido diario alemán Bild. En letras, garabateadas a mano, en rojo y negro, en la primera página decía: “¡Alarma! La escritura manual se extingue”. Era miércoles 27 de junio de 2012. Buen susto me llevé cuando me descubrí a mí mismo al leer: “Uno de cada tres adultos no ha escrito nada a mano en los últimos seis meses”.

Encontré que, años antes, en la revista Time (3/8/2009), la escritora Claire Suddath aparecía en escena con un esclarecedor artículo intitulado: “Mourning the Death of Handwriting”, “Duelo por la muerte de la escritura a mano”.

cap10_029“Estamos cambiando de manera importante la forma en la que trabajan nuestras mentes –explica la autora–, cuando escribimos en letra cursiva (ligada y ligera) estamos dibujando mentalmente la palabra e incluso la frase entera, los pensamientos fluyen, mientras que con la escritura de imprenta los caracteres están ‘desligados’ y la mente trabaja de una forma similar al lenguaje ‘binario’ de la informática, escindimos la palabra en letras sueltas interrumpiendo el ritmo de la palabra, de la frase, del pensamiento”, destacando también cómo la letra escrita a mano es tan personal y única como cada uno de nosotros, transmite parte de nuestra esencia, estado anímico y preferencias. Más grave aún, alertaba que el “dejar de escribir a mano es una forma más de homogeneizarnos, de aceptar calladamente la uniformidad”.

Otros autores han considerado la letra escrita como una pieza “clave para el aprendizaje”, según afirmaba, en el artículo “The Writing On The Wall” de Raina Kelley, publicado inicialmente en la revista Newsweek el 12 de noviembre de 2007. Comenta en su artículo: “Un nuevo estudio del profesor Steve Graham, Universidad de Vanderbilt, indica que la mayoría de los maestros de escuela primaria creen que los estudiantes con letra manuscrita fluida produjeron trabajos escritos que fueron superiores en cantidad y calidad, con calificaciones más altas, además de ser más fáciles de leer”.

La preocupación, principalmente de los educadores pero también de escritores, ensayistas, literatos, ante el desaparecimiento de la caligrafía, escritura, letra de mano, manuscrita o cursiva; viene de lejos.

El conocido escritor Umberto Eco afirmaba en un singular artículo en el diario La Repubblica, el 7 de agosto de 2009: “Lo malo es que la tragedia empezó mucho antes de que aparecieran la computadora y el celular”; destacando también: “El arte de la caligrafía educa al control de la mano y a la coordinación entre la muñeca y el cerebro”.

Es lo que también recordaba el periodista italiano Stefano Bartezzaghi en artículo en La Repubblica, que “la escritura a mano requiere que se componga mentalmente la frase antes de escribirla, pero, en cualquier caso, la escritura a mano, con la resistencia de la pluma y del papel, impone una demora reflexiva”.

cap13_018Para terminar comento el hecho singular de que muchos escritores, aunque estén acostumbrados a escribir en la computadora, saben que a veces les gustaría poder grabar una tablilla de arcilla como los sumerios, para poder pensar con calma.

Investigando más sobre el tema encontramos un autor que compendia claramente este fenómeno. Fue solo leer su afirmación de que hay que educar a los niños para que “comprendan que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable”, pues “es un lenguaje de alma que hace únicas a las personas”, que me sorprendí. Percibí la profundidad con que aborda este tema. Se trata del Dr. Guillermo Jaim Etcheverry, médico argentino, miembro de la Academia Nacional de Educación de su país.

“Las computadoras –afirma– son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros”.

Al respecto de cómo se vinculan entre sí los pensamientos, comenta que “en la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel”, “hay que componer las frases antes de escribirlas”, lo que la computadora no sugiere.

Esto lo confirmamos con la explicación del neurólogo infantil argentino León Benasayag, que nos dice: “Si cada vez se usa menos la escritura manual, hay riesgo de que el cerebro funcione distinto. La escritura permite la organización de estructuras a nivel cerebral que hacen memorizar las palabras, la sintaxis; una cantidad de datos que luego van a ser elaborados para estructurar el pensamiento”. Vemos en este comentario otro aspecto de los efectos desfavorables de la pérdida de la escritura a mano.

¿Será que una carta manuscrita, con el pasar del tiempo, podría llegar a ser considerada una “obra de arte” en extinción? No lo sabemos. Pero sí podemos afirmar que, por los ritmos modernos, “hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia”.

Jóvenes se Consagran a la Santísima Virgen

consagracion_15_de_agosto_080El sábado 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Virgen a los Cielos en cuerpo y alma,  se vivieron momentos de mucha emoción y gracia sobrenatural en la Casa de los Heraldos del Evangelio en El Salvador, ya que un grupo de jóvenes participantes de las actividades de los Heraldos, en una solemne Eucaristía, presidida por el P. Fernando Gioia EP, se consagraron a Jesucristo como esclavos de Amor por las manos de María, según las enseñanzas de San Luis Maria Grignon de Monfort.

Después de un profundo estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, realizaron la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias, la Virgen Inmaculada.

 

Conversación…

Estar juntos, mirarse y quererse bien: ¿antigua y bella costumbre en plena crisis?

P. Fernando Gioia, EP.

panchimalco_2014_094Tiempos hubo en que hombres y mujeres desarrollaban lo que se podríamos llamar el “arte de conversar”, intercambiando –hasta ceremoniosamente– sus impresiones, sus conocimientos, sus alegrías, sus tristezas. Esa reciprocidad no era solo de palabras, en las cuales se resaltaban tonos de voz y gestos, sino también de miradas.

Como si fuera una música, estos intercambios de personalidades, de mentalidades, de pensamientos, de formas de ser, entran en sintonía. Por eso bien decía una virtuosa señora nacida en el siglo XIX, pero que vivió gran parte de sus años en el convulsionado siglo XX: “Vivir es: estar juntos, mirarse y quererse bien”.

celEn nuestros días, por diversas circunstancias, se ha perdido el convivio familiar. Hasta hace pocos años la televisión –penetrando en el interior de las familias– había tomado el puesto de “rey del hogar”. Antes lo había sido el periódico, que absorbía la atención de nuestros abuelos, alejándolos por completo en los momentos de su lectura del ambiente que los rodeaba. Hoy, el mundo de la tecnología, del computador, de los juegos electrónicos, de los celulares de última generación, iPad… nos invade de una forma completamente peculiar.

Están avanzando los sistemas de comunicación a una velocidad que impresiona. No se podrán negar las “bondades” con que nos benefician: comunicación inmediata, relacionamiento que supera las distancias geográficas más inimaginables, solucionar preocupaciones, si bien que también traerlas de inmediato a tono…, alegrías pero también desgracias las sabemos de inmediato. Las distancias fueron superadas, nos comunicamos con cualquier lugar del orbe. Pero, cada vez más no hablamos, no nos comunicamos, no nos relacionamos, cuando… ¡estamos cerca!

Bien comenta el educador argentino Guillermo Jaim Etcheverry al decir que se sufre “la tiranía de lo instantáneo, de lo disperso, de la sobredosis de información y de la conexión con un mundo virtual, que terminará acabando con el otrora delicioso placer de conversar con el otro frente a frente”. Frases como “papi, mírame, deja de mirar todo el tiempo a tu teléfono” dicha por algún afligido hijo; o “¡mírame cuando te hablo!” de una madre regañando a su hijo tomado en una atención hipnótica ante la pantalla de un iPad o de un juego electrónico; son expresiones que se han vuelto frecuentes en nuestros días.

Snoche_con-maria_2015_024egún un estudio del Departamento de Pediatría del Centro Médico de la Universidad de Boston, de 55 grupos examinados, 75 % de los adultos utilizó dispositivos móviles durante la comida. Una encuesta de la Consultora Common Sense Media realizada en el año 2013 en Estados Unidos halló que el 38 % de los niños menores de dos años usaba teléfonos celulares para mirar videos o jugar. Estadísticas de The Kaiser Family Foundation mostraron que los chicos, en Estados Unidos, de 8 a 18 años pasan más de 7 horas y media diarias en las redes sociales. Las pantallas cautivan la atención. El “estar juntos, mirarse y quererse bien” va perdiendo espacio. La ausencia del vínculo presencial repercute en el desarrollo psicológico, y por lo tanto en la afectividad. “Ellos –en concreto los niños– necesitan de la mirada del adulto, del estímulo, del tacto, de la atención exclusiva”, destaca el doctor Guillermo Golffard, de la Sociedad Argentina de Pediatría.

En Escuela para Padres encontramos la singular afirmación de la psicóloga Eva Rotenberg: “En el vínculo entre padres e hijos falta comunicación, hablar cara a cara desde las emociones, lo que genera un verdadero problema en la construcción del yo y potencia la patología del vacío”.

No por otra razón, la articulista Soledad Vallejos, en el diario La Nación de Buenos Aires, advierte que “la conectividad sin límites puede ser genial, pero también hay que aprender a darle un corte”, pues, “el contacto cara a cara sin distracciones es clave”.

Los padres con los hijos, los hijos con los padres… una interacción que sin el mirarse adia_del_padre_2014_018 los ojos, sin considerar los gestos –en la propia comunicación verbal–, nos va transformando en autómatas. El ser gobernados por la pantalla, grandes y chicos, pero especialmente estos últimos, da lugar a que los especialistas adviertan “sobre el efecto que eso puede tener en el aprendizaje de las habilidades de comunicación no verbal”.

En su libro “Chicos enchufados”, la psicopedagoga Elvira Giménez de Abad, destacando que el primer contacto con el mundo externo de un niño es la mirada fija en los ojos de su madre; irá –con el tiempo– notando diferentes gestos, tonos de voz, observando a su interlocutor, incorporando, además del lenguaje, el idioma gestual. Niños, jóvenes, pero no solo ellos, los mayores sufren también este fenómeno que se presenta avasallador en su “modernidad”. Es normal que en los teatros o en la iglesia se solicite que apaguen el celular. Lo que llama la atención es que comienzan a aparecer restaurantes, no solo en Europa sino también en América Latina (especialmente en Colombia y Argentina), en que se les propone a los clientes que dejen de lado su celular, en una caja apropiada para ello, para poder degustar mejor la comida y es claro conversar, sin que las músicas (porque ya no son timbres) de los celulares los interrumpan. Para unir a las familias, a los amigos, y que el diálogo prevalezca sobre los medios electrónicos. ¡Sí, hasta les hacen descuento a quienes aceptan! Así podrán tener una comunicación mutua, como en antaño, en que había en una conversación el interés de cómo había sido el día, que preocupa a cada quien, transmitir las alegrías, o las penas, planes, vivencias. Era la alegría de estar juntos, mirarse y quererse bien.84

Singular lucha, nos dice el articulista Víctor Andrés Álvarez, “contra la tiranía del móvil y sus continuas interrupciones que han estropeado la charla, el afecto cercano, el intercambio de mensajes cara a cara. La tecnología ha creado nuevas soledades, y además ha menoscabado las normas de respeto y cortesía. Parece una nueva “esclavitud”. Sepamos enfrentar los tiempos que nos han tocado vivir. Consideremos que el “arte de conversar” presupone, como primera disposición, el interesarnos por los otros. Así cumpliremos la síntesis de todos los Mandamientos: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, por amor a Dios”.