Madre Del Buen Consejo

cabeceraEnvuelta en una nube luminosa, la imagen de la Madre del Buen Consejo se trasladó de Albania a la ciudad de Genazzano (Italia), iniciando un desfile ininterrumpido de milagros y gracias.

En las lejanas tierras de Albania, más allá del Adriático, se encuentra la pequeña ciudad de Scútari. Edificada en una escarpada colina a cuyos pies fluyen los ríos Drina y Bojana, desde el siglo XIII tenía en su poder un precioso tesoro: la hermosa imagen de “Santa María de Scútari”. El santuario que la albergaba era el centro de peregrinación más concurrido del país, un importante punto de referencia para los albaneses en materia de gracias y consuelo espiritual.

viewLa imagen es una pintura realizada sobre una delgada capa de estuco, de 31 cm. de ancho por 42,5 cm. de largo. Una penumbra de misterio y milagro cubre los orígenes del sagrado fresco: nadie sabe cuándo ni por quién fue pintado.

Intimidad y unión de alma

Detengámonos un poco a contemplar esta maravillosa pintura. Representa a la Santísima Virgen con inefable afecto maternal, amparando en sus brazos al Niño Jesús bajo un sencillo arco iris. Los colores son suaves, y finos los trazos de los admirables semblantes.

El Niño Jesús refleja el candor de su corta edad y la sabiduría de quien observa toda la obra de la creación como Señor del pasado, del presente y del futuro. Con indescriptible cariño, el Divino Infante presiona ligeramente su rostro contra el de su Madre. Entre ambos existe una atractiva intimi dad; la unión de almas se trasluce en el intercambio de miradas. La Virgen, en altísimo acto de adoración, parece es­tar ocupada en adivinar lo que sucede en lo íntimo del Hijo. Al mismo tiem­po, toma en consideración al fiel que se arrodilla afligido a sus pies, hacién­dolo partícipe, de alguna manera, en la celestial convivencia que el cuadro nos ofrece. No hace falta decir nada; bas­ta con que el necesitado se aproxime, y sentirá producirse en su alma una acción balsámica.

Scanderbeg, varón Providencial

A mediados del siglo XIV Albania atravesaba grandes dificultades. Después de ser disputada durante siglos entre los pueblos vecinos, era invadida entonces por el poderoso imperio turco.

Sin estructura militar capaz de oponerse al enérgico adversario, el pueblo rezaba con angustia, confiándose al auxilio del cielo. La respuesta a tales oraciones no se hizo esperar: en la emergencia surgió un varón de Dios, de noble estirpe y devotísimo de María, decidido a luchar por la Patrona y por la libertad de su país. Su nombre fue Juan Castriota, en 2albanés llamado Scanderbeg.

A costa de inmensos esfuerzos bélicos, logró mantener la unidad y la fe de su pueblo. Las crónicas de su tiempo exaltan las hazañas realizadas por él y por los valerosos albaneses que lucharon a su lado estimulados por su ardor.

Cuando los combates les daban tregua, se arrodillaban todos a los pies de “Santa María de Scútari”, de donde salían fortalecidos y obtenían portentosas y decisivas victorias contra el enemigo de la fe. En eso reluce una característica de aquella que el mundo conocería en el futuro como Madre del Buen Consejo: fortalecer a todos los que, combatiendo el buen combate, se le aproximan buscando aliento y valor.

Sin embargo… al cabo de 23 años de luchas, Scanderbeg fue llevado de esta vida. La falta del piadoso líder era irreparable.

Todos presentían que la derrota estaba próxima. El pueblo se encontraba ante la trágica encrucijada de abandonar la patria o someterse a la esclavitud turca.

Envuelta en una nube luminosa

En esa situación de perplejidad, la Virgen del fresco se aparece en sueños a dos valientes soldados de Scanderbeg, llamados Georgis y De Sclavis, para ordenarles que la sigan en un largo viaje. La imagen les inspiraba una gran confianza y arrodillarse a sus pies era motivo de gran consuelo para ellos.

Cierta mañana estando ambos sumidos en fervorosa oración, ven el más grande milagro de sus vidas.

El maravilloso fresco se desprende de la pared y, llevado por ángeles

envuelto en una blanca y luminosa nube, va retirándose suavemente del recinto. ¡Resulta fácil imaginar la reacción de los buenos hombres! Atónitos, siguen a la Virgen que avanza por los cielos de Scútari. Cuando se dan cuenta, están a orillas del Mar Adriático. ¡Habían recorrido treinta kilómetros sin sentir cansancio! Siempre rodeada por la blanca nube, la milagrosa imagen avanza mar adentro.

3Perplejos, Georgis y De Sclavis no quieren dejarla; y entonces verifican, estupefactos y eufóricos, que bajo sus pies las aguas se convierten en sólidos diamantes, regresando al estado líquido tras su paso. ¡Qué milagro! Tal como san Pedro en el lago de Genezaret, estos dos hombres caminan sobre el Adriático guiados por la propia “Estrella del Mar”.

Sin saber decir cuánto tiempo caminaron, ni cuántos kilómetros dejaron atrás, los buenos devotos ven nuevas playas. ¡Estaban en la península itálica!
Pero… ¿dónde estaba Santa María de Scútari? Miran a uno y otro lado, escuchan otro idioma, sienten un ambiente tan diferente a su Albania …

Pero ya no ven a la Señora de la luminosa nube. Había desaparecido. ¡Qué gran prueba! Comenzaron entonces una búsqueda infatigable. ¿Dónde estaría Ella ?

Petruccia, una mujer de Fe

En esa misma época, en la pequeña ciudad de Genazzano, no lejos de Roma, vivía una piadosa viuda llamada Petruccia de Nocera.

Para entonces ya era una octogenaria mujer de mucha rectitud, terciaria de la orden agustina, y cuya modesta herencia apenas le alcanzaba para vivir.

Petruccia era muy devota de la Madre del Buen Consejo, venerada en una vieja iglesia de Genazzano. La piadosa señora recibió del Espíritu Santo la siguiente revelación: “María Santísima, en su imagen de Scútari, desea salir de Albania”.
Si la comunicación sobrenatural la sorprendió, todavía más asombro causó en ella recibir de la Virgen misma la orden expresa de levantar el templo que debería recibir su fresco, así como la promesa de ser ayudada en el tiempo oportuno.

4Comenzó, pues, Petruccia la construcción de la pequeña iglesia. Empleó todos sus recursos… que se terminaron cuando las paredes sólo llegaban al metro de altura. Los escépticos habitantes de la pequeña ciudad convirtieron a la viuda en blanco favorito de sus burlas y sarcasmos, llamándola loca, visionaria, imprudente y anticuada. Pero ella atravesó confiada esta prueba tal como Noé, de quien se mofaban todos mientras construía el arca.

“¡Un milagro! ¡Un milagro!”

Era el día 25 de abril de 1467, fiesta de san Marcos, patrono de Genazzano.

A las dos de la tarde, Petruccia parte camino a la iglesia, pasando por la bulliciosa feria donde se ofrece desde tejidos de Génova y Venecia hasta un elixir de eterna juventud o un “poderosísimo” licor contra cualquier tipo de fiebre.

En medio del vocerío, el pueblo siente una melodía de singular belleza venida del cielo. Se impone el silencio. Todos notan que la música proviene de una nubecita blanca, tan luminosa que ofusca los propios rayos del sol, la cual baja gradualmente hacia la pared in conclusa de una capilla lateral. La muchedumbre acude estupefacta, ocupa el pequeño recinto y ve deshacerse la nube.

Ahí estaba suspendido en el aire, sin ningún soporte visible el sagrado fresco, la Señora del Buen Consejo. “¡Un milagro, un milagro!”, gritan todos. ¡Qué alegría para Petruccia y qué consuelo para Georgis y De Sclavis cuando pudieran llegar allá! Se confirmaba el superior designio de la construcción iniciada, y empezaba en Genazzano un largo e ininterrumpido desfile de milagros y gracias obrados por la Virgen.

El Papa Pablo II, tan pronto como supo de los hechos, envió a dos prelados de confianza para investigarlos.

Éstos confirmaron la veracidad de lo que se decía, y atestiguaron diariamente innumerables curaciones, conversiones y prodigios realizados por la Madre del Buen Consejo. En los primeros 110 días después de la llegada, se registraron 161 milagros.

Consejo, corrección, orientación: grandes favores

Entre sus grandes devotos se destacan los papas san Pío V, León XIII –que introdujo a la Madre del Buen Consejo en la letanía lauretana–, san Pío X, Pablo VI y Juan Pablo II; y también numerosos santos como san Pablo de la Cruz, san Juan Bosco, san Alfonso de Ligorio o san Luis Orione. En el propio Santuario de Genazzano puede venerarse el cuerpo incorrupto del Beato Steffano Bellesini, uno de sus párrocos, gran propagandista de la 5devoción a la Madre del Buen Consejo.

Los milagros más grandes María los realiza en el interior del alma, aconsejando, corrigiendo, orientando.

Quien pueda venerar el milagroso cuadro de la Madre del Buen Consejo en Genazzano comprobará personalmente el torrente de gracias que brota de su semblante celestial, y comprenderá por qué razón quien haya estado alguna vez allá, sueña con regresar un día a esa sublime intimidad.

El fresco de Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano

En la pequeña y bella ciudad de Genazzano, se encuentra un fresco de más
de siete siglos de existencia. Hasta hoy se desconoce dónde y por quién fue pintado. ¿Habrá sido su autor un ángel? ¿Será originario del Paraíso? Son preguntas osadas. Se comprende que ellas surjan, cuando se conoce la historia de los efectos producidos por esa piadosísima imagen, a lo largo del tiempo

6El fresco causa la impresión de haber sido pintado hace pocos días, incluso si se observa de cerca. Entretanto, hace 535 años que se encuentra junto a la pared de una capilla lateral de la iglesia. Más aún: según atestiguan los documentos, ¡se ha mantenido suspendido en el aire durante todo ese tiempo! Fue él trasladado de Scutari, Albania, a Genazzano por acción angélica.

Así describe esos sobrenaturales acontecimientos uno de los mayores entendidos en la materia:

“Traída por manos angélicas, se encontró [la imagen] suspendida allí en la rústica pared de la nueva iglesia, y con tres nuevos singularísimos prodigios entonces ocurridos. (…) La celeste pintura estaba sustentada por virtud divina a un dedo de la pared, suspendida sin fijarse en ella; y éste es un milagro tanto más estupendo si consideramos que la referida Imagen está pintada con colores vivos en una fina camada de revoque, con la
cual se destacó por sí misma de la iglesia de Scutari, en Albania; como aún por el hecho, comprobado mediante experiencias y observaciones hechas, de que, al tocarse en la Santa Imagen, esta cede” (Fray Angelo María De Orgio, Istoriche di Maria Santísima del Buon Consiglio, nela Chiesa de´Padri Agostiniani di Genazzano, 1748, Roma, p. 20)

En el S. XIX, otro estudioso de renombre observó del celestial fenómeno:

7“Todas esas maravillas [de la Santa Imagen] se resumen, en fin, en el prodigio continuo que consiste en encontrar hoy esta Imagen en el mismo lugar y del mismo modo como ella fue ahí dejada por la nube en el día de su aparición, en la presencia de todo un pueblo que tuvo entonces la felicidad de verla por primera vez. Ella se posó a una pequeña altura del piso, a una distancia de aproximadamente un dedo de la pared nueva y rústica de la capilla de San Blas, y allí quedó, suspendida sin ningún soporte” (Raffaele Buonanno, Memorie Storiche della Immagine di Maria SS. Del Buon Consiglio che si venera in Genazzano, Tipografia dell´Immacolata, Nápoles, 20 ed., 1880, p. 44).

En la fiesta del bautismo de San Agustín y de San Marcos, patrono de Genazzano, el 25 de abril de 1467, alrededor de las cuatro de la tarde, una celeste melodía comienza a hacerse por los más variados rincones de la ciudad. Un gran número de personas, reunidas en la plaza del mercado, se ponen a indagar maravilladas de donde vienen los sublimes y arrebatadores acordes. Y he aquí que una divina sorpresa pasa delante de los ojos de todos: en medio de rayos de luz, una pequeña nube blanca desciende hasta una pared de la ya mencionada iglesia, cuyas campanas comienzan a repicar fuertemente y solas. Prodigio aún mayor: al unísono, la totalidad de las campanas de la ciudad tocan con energía.

Al deshacerse lentamente los rayos de luz y la nube, el bellísimo fresco que hasta hoy allí se encuentra pudo ser contemplado por el pueblo, y desde ese día no cesó de derramar copiosas gracias sensibles, haciendo justicia a la preciosa

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Mons. João Clá, Fundador de los Heraldos del Evangelio, delante de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Genazzano

También los Heraldos del Evangelio son devotos suyos. Tienen mucho que agradecerle por favores y gracias más importantes que la cura de enfermedades corporales.

invocación de Madre del Buen Consejo.

La noticia de tan extraordinario acontecimiento se esparció por toda Italia, como un relámpago. Dos días más tarde, se inicia una verdadera avalancha de milagros: un poseso se libra de los demonios, un paralítico camina con naturalidad, una ciega recupera la vista, un joven empleado recién fallecido resucita… En los ciento diez primeros días, María del Buen Consejo distribuye ciento sesenta y un milagros a sus fieles devotos.

Peregrinos de todo el país se mueven para recibir los beneficios de la Madre de Dios.

Delante del santo fresco, una cosa es constante: ninguno de los pedidos que le son dirigidos deja la Virgen de atender de alguna manera. En la dudas, en las perplejidades e incluso en las pruebas, después de un cierto tiempo de oración—mayor o menor, dependiendo de cada caso—María Santísima hace sentir en el fondo del alma en dificultades su sapiencial y maternal consejo, acompañado de mudanzas de fisonomía y de color de la pintura. Es indescriptible ese especialísimo fenómeno.

Fue en Genazzano, a los pies del santo fresco de la Madre del Buen Consejo, que nacieron los Heraldos del Evangelio. Allí, Ella los inspiró, orientó y fortaleció. Por eso, a ejemplo de tantos otros, los Heraldos del Evangelio la consideran como su patrona. Además, por privilegio concedido por el Santo Padre, lucran en el día de su fiesta, 26 de abril, una indulgencia plenaria.

9Revista Heraldos del Evangelio, Abril/2002, n. 4, p. 24-25 y Abril/Mayo 2003, n. 5, p. 32 a 33)

¡Regina Coeli, Aleluya!

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

fra angelico - san Marco Museum - firenze, Italy

                          Fra Angélico – San Marco Museum – Firenze, Italia

En este período del tiempo de Pascua no se reza el Ángelus sino el Regin Coeli.

¿Por qué rezamos el Regina Coeli y no el Ángelus en tiempo Pascual?

Durante el tiempo pascual, la Iglesia Universal se une en la oración del Regina Coeli o Reina del Cnuestra_señora1_006ielo por la alegría, junto a la Madre de Dios, por la resurrección de su Hijo Jesucristo, hecho que marca el misterio más grande de la fe católica.

El rezo de la antífona de Regina Coeli fue establecida por el Papa Benedicto XIV en 1742 y reemplaza durante el tiempo pascual, desde la celebración de la resurrección hasta el día de Pentecostés, al rezo del Ángelus cuya meditación se centra en el misterio de la Encarnación.

De la misma manera que el Ángelus, el Regina Coeli se reza tres veces al día, al amanecer, al mediodía y al atardecer como una manera de consagrar su día a Dios y la Virgen María.

No se conoce el autor de esta composición litúrgica que se remonta al siglo XII y era repetido por los Frailes menores Franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo popularizándola y extendiéndose por todo el mundo cristiano.

La oración:

G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.

T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.

T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.

T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos:

Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)

 

 

Semana Santa

Después del Domingo de Ramos comienza la Semana Santa, donde la Iglesia celebra de modo especial el Tridua Pascual, que inicia con el Jueves Santo, que está centrada en la Cena del Señor. Ofrecemos a los lectores unas breves reflexiones de estas celebraciones.

Domingo de Ramos

Domingo_de_ramosRecibieron a Cristo mientras entraba a la ciudad con palmas y ramos en muestra de que era el Mesías.

Es una oportunidad para proclamar a Jesús como el rey y centro de nuestras vidas. Debemos parecernos a esa gente de Jerusalén que se entusiasmó por seguir a Cristo. Decir “que viva mi Cristo, que viva mi rey…”

Después del domingo de Ramos comienza la Semana Santa.

Triduo Pascual

Con el Jueves Santo comienza el Triduo Pascual

Todos los años en el “sacratísimo triduo del crucificado, del sepultado y del resucitado” o Triduo pascual, que se celebra desde la Misa vespertina del Jueves en la cena del Señor hasta las Vísperas del Domingo de Resurrección, la Iglesia celebra, “en íntima comunión con Cristo su Esposo”, los grandes misterios de la redención humana.

fra angelico - san Marco Museum - firenze, Italy

                                                   Fra Angélico, La Últim Cena

Jueves Santo

La celebración del Jueves Santo está centrada en la institución de la Eucaristía en la que la Iglesia descubre y celebra la actitud de amor de Cristo.

Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía en la Última Cena, cuando mandó “hacer eso en memoria suya”

La piedad de los hombres es especialmente sensible a la adoración del santísimo Sacramento, que sigue a la celebración de la Misa en la cena del Señor. El lugar de la reserva se ha considerado como “santo sepulcro”; los fieles acuden para venerar a Jesús que después del descendimiento de la Cruz fue sepultado en la tumba, donde permaneció unas Cuarenta horas.

Viernes Santo

viernes_santoEl Viernes Santo la Iglesia celebra la Muerte salvadora de Cristo. En el Acto litúrgico de la tarde, medita en la Pasión de su Señor, intercede por la salvación del mundo, adora la Cruz y conmemora su propio nacimiento del costado abierto del Salvador. Hoy es un día donde especialmente se reza el Vía Crucis.

Sábado Santo y Vigilia Pascual

sabado_santo_vigilia_pascualDurante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su Resurrección.

En María, conforme a la enseñanza de la tradición, está como concentrado todo el cuerpo de la Iglesia ya que era la única que conservó intacta su fe en la Resurrección del Señor. Por esto la Virgen María, que permanece junto al sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección. según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor al Señor. Los fieles, llevando en la mano velas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando Él vuelva los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

Domingo de Resurrección

fra angelico - san Marco Museum - firenze, Italy

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

 

¿Cómo habrá sido la figura personal de nuestro Señor Jesucristo?

LOS EVANGELIOS NADA NOS TRAEN SOBRE SU FIGURA. MUCHOS VIDENTES TRANSMITIERON LO QUE CONTEMPLARON. PERO, DIFÍCIL ES DESCRIBIR A QUIEN, DOTADO DE TODAS LAS CUALIDADES HUMANAS, ERA INCONCEBIBLEMENTE BELLO.

coDesde los primeros tiempos de la era cristiana los hombres bregaban en imaginar cómo habrá sido la figura personal de Nuestro Señor Jesucristo. Su porte, su caminar, su fisonomía, su mirada, su voz. Lo que se tenía, y también hoy, son meras conjeturas. Incontables son las formas en que ha sido representado Jesús a lo largo de estos veinte siglos del Cristianismo. Ninguna puede considerarse la original. En aquellos tiempos no era permitido hacer cuadros o esculturas, la ley se lo impedía a los judíos por temor a la idolatría.
Los Evangelios nada nos traen sobre su figura. Todo nos viene a través del arte y de la literatura. Jesús naciendo, enseñando, curando, expulsando demonios, calmando las aguas, transfigurado, flagelado, en la Cruz, resucitado, ascendiendo a los Cielos.
Muchos videntes transmitieron lo que contemplaron.
Pero, difícil es describir a quien, dotado de todas las cualidades humanas, era inconcebiblemente bello. Las multitudes iban detrás de Él, su atractivo era avasallador. El Salmo 44 lo describe como “el más hermoso de los hijos de los hombres”. Estas consideraciones nos llevan a imaginar y admirar la figura Divina del Hijo de Dios hecho hombre.
El arte lo representó acentuando sea su dulzura, sus momentos de oración, en el dolor. Tantas maravillas tiene el Señor Jesús que se hace imposible reconstruir su personalidad.
Vestía como todos sus compatriotas, ajeno a la ostentación pero sin desaliño, nunca como la afectación de los fariseos. Con su túnica, obra de manos de su Santísima Madre, a la cintura una sencilla correa. Su manto adornado en los extremos con borlas como mandaba el Deuteronomio y, en sus pies, unas simples sandalias.
Dice el conocido comentarista de los Evangelios, Fillion, que “era dotado de un privilegio
único: el de ser extraordinariamente santo, extraordinariamente puro, pues el Espíritu Santo mismo lo había formado en el seno de la Virgen”.
Otros escritores afirman su parecido con su Santísima Madre. Sus sagradas manos son las que más los Evangelios nos presentan, si bien que no las describen. Cuando acariciaba a los niños que le presentaban, cuando distribuye el pan, manos que tocan y curan, manos que hacen un látigo para expulsar los vendedores del templo, que paran la tempestad, que lavan los pies de los apóstoles, que levantan el cáliz en la Última Cena. 1762_M_1d57b903Manos… que acaban clavadas en la cruz.
Las multitudes se admiraban de sus palabras, “todo el pueblo le oía pendiente de sus labios” pues “jamás hombre alguno ha hablado como este hombre”. Cuando Pedro trata de disuadirle de la Pasión, lo increpa: “Apártate de mí, Satanás”. Al recriminar la hipocresía farisaica de “raza de víboras”. Sus palabras tienen la fuerza de exhortar indicando el camino: “Quien quiera venir en pos de mí, tome su cruz y sígame”. O expresan dolor al decir: “¡Jerusalén, Jerusalén!… ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!” En el Huerto de los Olivos al responder “Ego sum” (Yo soy), haciendo caer por tierra a los alguaciles.
En su agonía en la Cruz responde a la súplica del ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Su voz tenía todos los timbres y tonalidades.
Sobre su sagrado rostro es de lo que los Evangelios menos nos relatan. San Agustín confesaba: “Ignoramos por completo cómo era su rostro”. Mismo teniendo la reliquia de la Sábana Santa de Turín, en la que se refleja el rostro de Jesús; así como también el Velo de la Verónica, la mujer que enjugó su rostro en el camino al Calvario; se hace difícil considerar cómo era la fisonomía de Jesús.
De la mirada del Salvador tantos momentos nos relatan los evangelios. Cuando vio por primera vez a Simón: “Tú, te llamarás Cefas”. Al joven rico que invitaba a seguirle: “Fijando su mirada en él, le amó”. Cuando el Sermón la Montaña: “Alzando los ojos a sus cenizas3discípulos decía: ‘b i e n av e n t u r a d o s . . . ’”. Al curar a quien tenía la mano paralizada en sábado: “Mirándoles con ira (a los fariseos), apenado por la dureza de su co r a z ó n ”. Al sentir que alguien lo había tocado, “miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho”, pone sus ojos bondadosos sobre la hemorroísa, recién curada. Los vendedores que profanaban el templo huyen ante el celo ardiente que chispea de sus ojos y de su boca, “no hagáis de la casa de mi Padre una cueva de bandidos”.
Eran miradas de bondad, de misericordia, tristes, dulces, hasta de santa cólera. Memorable fue al cruzarse con San Pedro que lo había traicionado, lo miró y el Príncipe de los Apóstoles comenzó a llorar de arrepentimiento; mirada que expresaba palabras de perdón. Destacadamente célebre fue, sin duda, cuando cruzó su mirada con la de su
Santísima Madre en el camino del Calvario.
Forzoso nos es renunciar a la semejante dicha de tener al menos un retrato auténtico de Jesús. Solo en el Cielo nos será dado ver a Jesús cara a cara y conocer sus sagrados rasgos y su personalidad por entero. Pues, ni los Evangelios, ni los demás libros del Nuevo Testamento, ni los escritores eclesiásticos más antiguos –concluye el escritor Fillion– nos han transmitido noticias ciertas sobre este particular.

¿Por qué abstenerse de comer carne durante Cuaresma?

 La Iglesia Católica ha determinado varias formas de penitencia que ayudan a los fieles a educar su alma, para alejarse del pecado y permanecer o regresar al camino de Dios. Una de estas maneras penitenciales es la abstinencia de comer carne, que más allá del tipo de alimento, es un signo que ofrece la Iglesia para recordar y vivir el tiempo de la Cuaresma en preparación a la Pascua de Resurrección.

cenizaSobre la penitencia el Código de Derecho Canónico, en su numeral 1249, dice: ” Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen”.

Estos tiempos penitenciales, determinados por la Iglesia Universal (cánones del 1250 al 1253) son todos los viernes del año y todo el tiempo de Cuaresma. Por su parte la abstinencia de carne ha de guardarse todos los viernes de Cuaresma -siempre y cuando éstos no coincidan con alguna solemnidad litúrgica; y el ayuno más la abstinencia cada Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

La Conferencia Episcopal de cada país también puede determinar el modo de observar tanto el ayuno como la abstinencia, sustituyendo en todo o en parte otras maneras penitenciales, como lo hizo el Episcopado Estadounidense que obtuvo permiso de la Santa Sede para que los católicos pudiesen sustituir la penitencia de los viernes del año por un acto de caridad.

Pero no a todos obliga la ley de abstinencia, de acuerdo con el Código de Derecho Canónico ésta sólo es obligatoria a partir de los 14 años de edad, mientras que el ayuno es obligatorio para todos los mayores de edad, a partir de los 18 hasta los 59. Pero para todos la Iglesia recomienda: “cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno y la abstinencia”.

En últimas, como se subraya en uno de los blogs de infocatolica.com, la abstinencia como el ayuno son signos penitenciales que “nos despiertan de nuestro letargo, para que no se nos pase este tiempo maravilloso de conversión sin pena ni gloria (…) porque quizá no tengamos otro momento para volvernos a Dios”.

 Fuente: Redacción (Miércoles, 18-02-2015, Gaudium Press)

CUARESMA: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”

QUE EL CAMINO CUARESMAL PRODUZCA CAMBIOS DE ACTITUD, TAN NECESARIOS EN EL MUNDO DE HOY RUMBO AL ORDEN Y LA PAZ, NO SOLO EN LA FAMILIA SINO ESPECIALMENTE EN LA SOCIEDAD.

5011_M_fa921190aQuien impone las cenizas al inicio de la Cuaresma al papa, pronunciando: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, es el cardenal sacerdote de la parroquia de Santa Sabina, en Roma.

Especial situación, y no menor preocupación, fue para el cardenal Jozef Tomko que sería, en su momento, quien las impondría a Juan Pablo II. Eran dos frases, una u otra, difíciles de decir, reconocía el purpurado en entrevista al L’Osservatore Romano (6-2-2008).

La primera frase, aludía este prelado, era el papa quien se la tendría que decir: “¿cómo puedo recordárselo yo al papa?” Más difícil era pronunciar la segunda, pues Juan Pablo II estaba en edad avanzada y “era como recordarle de nuevo lo que él no solo sabía, sino que lo sentía en su cuerpo”. Ante difícil elección, optaría por una fórmula que sabía no era suya, “sino las palabras de Dios ante las que todos debemos inclinar la cabeza”.

Lo narrado nos introduce en el camino de la Cuaresma, tiempo de combate espiritual, en que rechazando el mundo secularizado, nos invita a “escuchar la Palabra de verdad; vivir, hablar y hacer la verdad; evitar la mentira, que envenena a la humanidad y es la puerta de todos los males” (Benedicto XVI, 1-3-2006).

Las cenizas -bendecidas por el sacerdote- tienen su origen en los ramos quemados del año anterior. El ministro las coloca en la frente en forma de cruz. Permanecen así, durante el día, los católicos, con la marca de la cruz de Cristo en sus frentes, proclamando su fe con ufanía, ante el mundo descreído que los rodea.

Trae a la memoria, este ceremonial de luto y de dolor, nuestra fragilidad, el pecado, el fin de hombre y lo pasajero de los bienes de este mundo; nos compenetra de cómo debemos humillarnos y hacer penitencia.

El “conviértete y cree en el Evangelio” hace presente el caminar rumbo a una conversión auténtica y profunda. El “recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, evoca lo efímero de nuestra naturaleza; pues, queramos o no, seremos transformados en polvo. Algunos sacerdotes pronuncian una u otra, sucesivamente, como que dejando en la mano del propio Dios, las palabras que recibirá el fiel al aproximarse.

cenizasProfundo es el simple rito, signo de verdadera penitencia, del deseo de una profunda “metanoia” espiritual, de un cambio de mentalidad que transforme y renueve al hombre. Iniciando el Miércoles de Ceniza y concluyendo el Jueves Santo, 40 días, de ahí el título de Cuaresma.

En este itinerario se nos invita a practicar con más intensidad tres obras de piedad: el ayuno, la limosna y la oración.

Ayunar. Abstenernos de comida, no es la única privación a practicar. Lo principal, decía Benedicto XVI, será “abstenernos del mal y de vivir el Evangelio. No ayuna de verdad quien no sabe nutrirse de la Palabra de Dios” (9-3-2011). Será renunciar al amor propio, a las faltas de paciencia, a las actitudes violentas con relación al prójimo, a la mentira, al consumismo.

La limosna deberá estar marcada por la prodigalidad hacia las necesidades de nuestro prójimo, especialmente de los que sufren. Mucho nos impactamos con la pobreza material, poco comprendemos que hay una mucho más dolorosa: “la pobreza espiritual”.

La oración. Tengamos una oración más fiel, que surja de nuestro corazón, que no sea apenas de los labios: “no todo el que dice ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre” (Mt 7, 21): orar, meditar, vivir la Palabra de Dios.

El tiempo cuaresmal invita a que cada familia, cada comunidad, aparten de sí todo lo que aleje de las cosas espirituales. Que se alimenten de la oración en familia, de la lectura de la Palabra de Dios, se acerquen al sacramento de la reconciliación, participen de la Eucaristía dominical, y siempre que puedan de la semanal.

Conversión, no apenas por estos 40 días, ni superficial, sino profunda. Que produzca cambios de actitud, tan necesarios en el mundo de hoy rumbo al orden y la paz, no solo en la familia, también y especialmente, en la sociedad. Que tengamos, por lo tanto, un sincero y profundo propósito de arrepentimiento y cambio de vida. Es lo que les deseo a todos y cada uno.

Un Arcoriris Para el Niño Dios

A cada uno de nosotros, Dios concede dones especiales, y sólo le daremos entera alegría si los desarrollamos buscando la perfección. Siempre más rumbo a Dios, debe ser el lema que nos guíe en la vida. Y muchas son las vías por la cuales podemos alcanzar ese objetivo. Ilustra bien esa variedad de caminos, una leyenda medieval sobre un juglar – bufón que recorría las cortes, cantando, declamando o haciendo malabarismos – que en su simplicidad quiso alegrar al Niño Jesús con su arte y sus dones. En Francia es conocido como: “Le jongleur de Notre Dame”.

malabarismo1En la pequeña y caliente Sorrento (Italia), ciudad bañada por el Mar Mediterráneo, vivía un joven llamado Giovanni, huérfano de padre y madre. Poco inteligente, pero dotado de muchas habilidades manuales, era capaz de hacer maravillosos malabarismos. Todas las mañanas la multitud iba a la plaza central para verlo en el puesto de frutas del signore Baptista. Allí Giovanni hacía girar por el aire limones, peras, naranjas, manzanas y hasta pepinos. Por sus habilidades, muchas personas compraban las frutas y legumbres del signore Baptista. En recompensa, la esposa del signore le daba un buen plato de sopa caliente.

Cierto día, un grupo de artistas se presentó en el centro de la ciudad. Giovanni asistió a su actuación. ¡Quedó encantado! Pidió al “Señor Maestro” un lugar en el espectáculo, le hizo una demostración de sus malabarismos con las frutas y fue aceptado.

Así, dijo adiós a los Baptista y partió a recorrer el mundo. Ya no se presentaba con sus harapos, sino con ropas vistosas y un saco colorido. En cada espectáculo hacía una respetuosa venia al público, desenrollaba un tapete y comenzaba. Primero, palos coloridos y brillantes giraban por los aires. Después venían los platos que equilibraba sobre una vara, haciéndolos girar. Botellas de madera multicolores pasaban por el aire de una mano a otra, como también argollas y antorchas encendidas.

Finalmente, lo que hacía a la multitud vibrar era su arco iris: tiraba a los cielos una bola roja, una color naranja, una amarilla, una verde, una azul y una violeta, hasta que, todas girando, parecía que el arco iris rodaba entre sus manos.

— Y ahora… ¡El sol de los cielos! — gritaba él.

— Sin parar, cogía una bola dorada y brillante y la tiraba más y más alto, cada vez más deprisa… ¡Cómo las multitudes lo aplaudían!

Giovanni se volvió famoso. Se presentó en los palacios de duques y príncipes, recorrió Italia de alto a bajo. Sus ropas pasaron a ser mucho más elegantes.

Cierto día, durante uno de sus viajes, Giovanni se sentó sobre un muro a descansar y admirar el dorado de las piedras golpeadas por el sol poniente; iba a comer algo, cuando dos frailes franciscanos se aproximaron:

— ¿Nos puede dar un poco de su comida buen hombre? — preguntó uno de ellos.

— Por el amor de Dios y con las bendiciones de nuestro Padre Francisco… — completó el otro.

— Siéntense, hombres de Dios, hay para todos. — respondió Giovanni.

Mientras comían, los frailes contaron a Giovanni un poco de su apostolado.

— Para mayor gloria de Dios llevamos alegría a los hombres con el Evangelio de Jesús. Y Ud., como enseña nuestro padre Francisco, llevando felicidad a los pequeños, también da gloria a Dios, pues él nos dice que todas las cosas cantan la gloria de Dios, inclusive Ud. con sus malabarismos.

— Se rió Giovanni en su ignorancia, y se despidió feliz. Por donde andaba, henchía los cielos de arco iris y los aplausos resonaban. Pasaron los años… Giovanni envejeció. Continuó con sus malabarismos, hasta que un día … ¡dejó caer el “sol de los cielos”, y el arco iris se fue al suelo!

La multitud no perdonó: se burló de aquél que tantas veces le había alegrado los días. Algunos de los asistentes hicieron algo horrible: le tiraron tomates y piedras, y Giovanni huyó para salvar su vida. Desde ese momento no volvió a ver los rostros alegres de los niños que tanto lo consolaban. Iba solo. Para poder comer, fue vendiendo todos sus objetos, restándole apenas el arco iris.

— Es hora de volver a casa — dijo — malabarismo2y se dirigió a Sorrento.

— El viento soplaba frío y sin piedad, era noche de invierno, caía una lluvia helada y el frío le calaba los huesos. En las sombras de la noche, Giovanni pudo avistar la silueta del convento de los franciscanos.

Todas las ventanas estaban oscuras, y sólo una puerta entreabierta dejaba ver la lamparita del sagrario encendida en la Iglesia.

Giovanni entró. Allí estaba menos frío. Se arrastró hacia un rincón y se dejó caer por el cansancio, durmiéndose inmediatamente.

De repente, una música lo despertó y alegres voces cantaron: “¡Gloria! ¡Gloria!” ¡La iglesia resplandecía de luz! Frotándose los ojos, no podía creer en lo que veía: ¡Cuánta belleza! En largo cortejo, frailes, monjas y personas de la ciudad, todos bien trajeados, llevaban lindos presentes en las manos. Tapices, banderas y flores adornaban la iglesia de arriba abajo. ¿Quién sería el homenajeado? ¿Un rey? Se irguió Giovanni, para ver mejor: la gente colocaba los regalos delante de una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en su regazo.

— ¿Qué es esto? — preguntó a quien estaba más próximo.

— ¡Hombre! ¡Es el cumpleaños del Niño Dios!

Maravillado, Giovanni observaba todo con espanto y admiración. Jamás en toda su vida viera cortejo más lindo ni oyera cánticos tan angelicales… Giovanni estaba tan absorto, que no percibió que todos habían partido después de la ceremonia, y, cuando cayó en cuenta, estaba solo delante de la Virgen. Todo se encontraba a oscuras, excepto las brillantes velas que circundaban la imagen. Se aproximó a ella y vio que el Niño Dios, en los brazos de Nuestra Señora, parecía triste, muy triste.

— ¡Oh, Señora — dijo Giovanni — gustaría tener algo para tu “bambino”… parece tan triste, aún en medio de todos estos regalos. Pero, espera… yo solía hacer que los niños sonriesen!

Abrió entonces, su saco colorido, se puso su bello traje, dio unos pasos para atrás, hizo una venia elegante, extendió el tapete y comenzó: primero la bola roja, siguió con la bola naranja, ahora la amarilla, y la verde, y la azul, y la violeta. Lanzaba al aire, para un lado, para otro, hasta que apareció el arco iris.

malabarismo3— ¡Y finalmente — gritó Giovanni — el sol de los cielos!

La bola dorada subió, girando, girando, cada vez más alto y alto. Nunca en su vida había hecho tan bien esos malabarismos. ¡Las bolas giraban más y más alto, más y más deprisa! Una estela de colores llenó la iglesia.

Los tonos del arco iris se proyectaron por todas las paredes, arcos, naves y columnas. ¡Era una explosión de colores!

El corazón de Giovanni palpitaba: — ¡Para ti, “dolce bambino”, para ti! — gritaba.

El hermano José se levantaba antes del alba para abrir la iglesia y tocar la campana. Pero esa mañana tuvo una sorpresa: vio a través de los vitrales luces refulgentes dentro del templo. ¡Era como si el sol naciese allá dentro! ¡Primero todo pareció rojizo, después anaranjado, después dorado! Corrió el hermano y abrió las puertas.

— ¡Dios Santo! Un malabarista… — exclamó.

Fue a llamar rápidamente al fraile superior. Regresaron los dos y, estando en la puerta de la iglesia, se dieron cuenta que estaba de nuevo a oscuras. Entraron y tropezaron con el viejo Giovanni, quien había dado todo de sí para alegrar al Niño Jesús y yacía en el suelo… había muerto de cansancio.

El Hermano José se dio vuelta y, boquiabierto, con los ojos bien abiertos, miró hacia la imagen de la Virgen, sólo pudiendo decir:

— ¡Hermano, mire, mire…!

El Niño Jesús sonreía con la bola dorada en las manos.

Fuente: Caballeros de la Virgen

El Arte Salcro: Camino para el encuentro con Dios

Desde su origen, el cristianismo comprendió el valor de las Artes, y usó sus multiformes lenguajes pra comunicar el inmutable mensaje de salvación.

P. Fernando Gioia, EP.

basilicaLa manifestación de la fe, en la Iglesia y por la Iglesia, no se restringe a una actitud interior, se refleja también a través de expresiones externas. Aunque los actos litúrgicos, principalmente la Santa Eucaristía, podrían llevarse a cabo con dignidad en cualquier sitio, no obstante, lo artístico, importa ser tomado en consideración. Pues, la exteriorización del culto debe ir al encuentro de lo digno y decoroso.

A través de los objetos que se utilizan se puede fomentar la compenetración ante el misterio que se está viviendo. Por eso importa buscar que el arte sacro evite lo vulgar, lo que no tenga armonía o sea irreverente.

La belleza ejerce una acción evangelizadora a través de los elementos destinados al culto divino, los cuales deben ser “dignos, decorosos y bellos, signos y símbolo de las realidades celestiales” (Sacrosanctum Concilium, 122).

San Pío X destacaba el primordial papel del arte afirmando cómo la Iglesia ha ido “admitiendo en el servicio del culto, cuanto en el curso de los siglos el genio ha sabido hallar de bueno y bello” (Tra le sollecitudini, 5).

También Pío XI destacaba la importancia de “que las artes sirvan verdaderamente como nobilísimas siervas al culto divino” (Divinis cultus sanctitatem, 5).

Sublimando la dimensión litúrgica, decía Pío XII (Musicæ sacræ, 11), que el arte religioso se propone “llevar a Dios por medio del oído y de la vista”

San Juan Pablo II mostraba cómo, en los últimos siglos, ha ocurrido “una cierta separación entre el mundo del arte y el de la fe” (Carta a los Artistas, 10).

En este delicado tema, no fue pequeño el choque entre dos marcadas tendencias durante los últimos decenios. Unos en contra de lo que podría suponer un gasto en la construcción, ornamentación de las iglesias, confección de bellos ornamentos o vasos sagrados, y pensaban, sería mejor destinar a los pobres esos recursos.

maria magdalenaOtros, en sentido opuesto, alegaban que habría que disponer de lo mejor para el servicio de Dios, basando sus argumentos en la respuesta que el Señor le dio a Judas Iscariote — a quien en realidad no le importaban los pobres, sino el dinero, porque era ladrón (Jn 12, 6) — en el episodio de la mujer que derramó sobre la divina cabeza un perfume muy caro de nardo; y en el hecho de que Él no rechazó tan “lujoso” homenaje. Al contrario, Cristo, que se hizo pobre y pedía la pobreza a los Apóstoles, elogió ese gesto: “Jesús replicó: dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre” (Mc 14, 6-7). Por consiguiente, ¿no es legítimo — preguntaban los de esta corriente — practicar la virtud de la magnificencia en el culto divino?, esto en nada hiere el espíritu de pobreza.

El Concilio Vaticano II (S.C., 124), a respecto de la liturgia y el arte sacro, acabó recomendando que “busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sagrada”.

Ocurre que se confunde erróneamente belleza con lujo y, al tratar de evitar la mera suntuosidad o el esplendor fastuoso, se termina optando por una falta de esmero, el mal gusto y la vulgaridad. So pretexto de simplicidad evangélica, se empobrece el culto divino, tanto en una arquitectura desprovista de encanto, como en una música alejada de lo sagrado, o en unas imágenes de formas extrañas y artísticamente pobres, en el uso de objetos de gusto discutible y hechos de material de calidad inferior al noble sacramento que se celebra.

Desde la Antigüedad el ser humano, ha ofrecido en los actos de adoración a Dios los mejores utensilios que poseía, como nos lo demuestra el Antiguo Testamento. En el cristianismo, idéntico sentimiento se manifestaba en los primeros siglos, atestiguado en la construcción de majestuosos templos.

coponCristo no pidió que se practicara la pobreza con relación al culto divino. Desposado místicamente con ella, San Francisco de Asís comprendió muy bien el consejo evangélico y rogaba a los seguidores que honraran las cosas referentes al Santísimo Sacramento y a la liturgia: “los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos(1ª Carta Custodios, 3-4). Ejemplo concreto de tal mentalidad lo apreciamos en el exterior rústico de la basílica de Asís, que contrasta con su interior lleno de esplendor.

cantoLa bella celebración litúrgica, sus ornamentos, el ceremonial, el canto, las construcciones, arrebatan las almas hacia lo sobrenatural y las animan a abandonar las vías del pecado y progresar en la virtud. Si hay medios económicos, en el arte sacro, no hay que evitar lo bello porque sea más costoso y optar por lo feo si da menos gastos. Argumento bastante discutible.

En otros tiempos – en los cuales la imprenta aún no existía – el arte, las imágenes, los vitrales, etc., en las iglesias, eran como un libro donde aprendían los fieles las verdades de la fe. Lo indicaba Pablo VI: “el arte es un medio de incomparable eficacia para la evangelización” (22-10-1974).

La Iglesia incentiva se favorezca “un arte auténticamente sacro”, y que se excluyan “aquellas obras artísticas que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte” (S.C., 124).

El arte y la belleza tienen el cometido de despertar a la humanidad y llevarla a redescubrir la profundidad de esa dimensión espiritual, porque la alianza establecida desde siempre entre el Evangelio y el arte es una invitación a adentrarse en el misterio del Dios encarnado.

Así como Dios se manifiesta en la Creación, las obras del hombre honesto reflejan el encanto de la virtud. Esta íntima relación entre la belleza material y la moral es el fundamento de la llamada “via pulchritudinis”: usar la belleza para llevar las almas hacia Dios. El mundo que vivimos, “tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”, decía Pablo VI (8-12-65). El arte sacro, con su esplendor e inigualable función evangelizadora, expresándose través de signos, será un itinerario rumbo a Dios.

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La Santísima Virgen de Fátima visita al Hospital Benjamín Bloom

bloom_octubre_084La imagen peregrina del Inmaculado Corazón de María visitó el Hospital Benjamín Bloom, llevando paz y fortaleza a los niños, sus seres queridos y a todo el personal que les acompaña.

La peregrinación comenzó con la Santa Misa, celebrada por el P. Michael, EP. , donde después de la homilia se coronó a la Santísima Virgen com madre de todos los presentes, de modo particular los niños. Al finalizar la Eucaristía, se entregó un Oratorio, que peregrinará por los diferentes departamentos de la institución y se rezó una consagración al Inmaculado Corazón de Maria, pidiendo la protección para todos.

Luego se rezó el Santo Rosario y a seguir se visitó las salas de los internados del piso 8º y 6º derramando bendiciones a todos los presentes.

Pidiendo que la Santísima Virgen bendiga, proteja y les dé fortaleza siempre a estos niños, a sus padres y todo el personal que les acompañan.

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Consagración de sí mismo por las manos de María

consagracion_familias_13_octubre_074El 13 de octubre, día que se conmemora la última apaición de la Virgen en Fátima, en la Casa de los Heraldos del Evangelio se vivieron momentos de mucha alegría y unción ya que un grupo de jóvenes, papás y amigos de los Heraldos del Evangelio, se han consagrado a Jesús por las manos de María, según el conocidísimo método de San Luis María Grignon de Monfort. En la solemne Eucaristía, celebrada por el P. Fernando Gioia EP, tuvo lugar dicha consagración.

 Después de un profundo estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, se escogió esta fecha mariana para realizar la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias.