Cuaresma Tiempo de Oración

En este tiempo especial de gracias que es la Cuaresma debemos aprovechar al máximo para hacer una renovación espiritual en nuestra vida. El Apóstol San Pablo insistía: “En nombre de Cristo os rogamos: ¡reconciliaos con Dios!” (2 Cor 5, 20); “os exhortamos a que no recibáis la gracia de Dios en vano. Pues él dice: Yo te oí en el tiempo favorable y te ayudé en el día de la salvación (Is 49,8). Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.” (2 Cor 6, 1-2).

 Cristo ayunó y rezó durante cuarenta días (un largo tiempo) antes de enfrentar las tentaciones del demonio en el desierto y nos enseñó a vencerlo por la oración y el ayuno. De la misma forma la Iglesia quiere enseñarnos cómo vencer las tentaciones de hoy. De ahí surgió la Cuaresma.

El Miércoles de Ceniza, cuando ella comienza, los sacerdotes colocan un poquito de cenizas sobre la cabeza de los fieles en la Misa. El sentido de este gesto es el de recordar que un día la vida termina en este mundo, “volvemos al polvo” que las cenizas recuerdan. Por causa del pecado, Dios dijo a Adán: “Eres polvo, y al polvo tú has de volver”. (Génesis 2, 19).

Este sacramental de la Iglesia nos recuerda que estamos de paso por este mundo, y que la vida de verdad, sin fin, comienza después de la muerte; y que, por tanto, debemos vivir en función de eso. Las cenizas humildemente nos recuerdan que después de la muerte prestaremos cuentas de todos nuestros actos, y de todas las gracias que recibimos de Dios en esta vida, comenzando por la propia vida, del tiempo, de la salud, de los bienes, etc.

Esos cuarenta días, deben ser un tiempo fuerte de meditación, oración, ayuno, limosna (“remedios contra el pecado”). Es tiempo para meditar profundamente la Biblia, especialmente los Evangelios, la vida de los Santos, vivir un poco de mortificación (cortar un dulce, dejar la bebida, cigarrillo, paseos, asados, la TV, alguna diversión, etc.) con la intención de fortalecer el espíritu para que pueda vencer las debilidades de la carne.

En la Oración de la Misa de Cenizas la Iglesia reza: “Concedednos oh Dios todopoderoso, iniciar con este día de ayuno el tiempo de la Cuaresma para que la penitencia nos fortalezca contra el espíritu del Mal”.

Sabemos cómo debemos vivir, pero no tenemos fuerza espiritual para eso. La mortificación fortalece el espíritu. No es la valorización del sacrificio por él mismo, y de manera masoquista, mas por el fruto de conversión y fortalecimiento espiritual que él trae; es un medio, no un fin.

Cuaresma es un tiempo de “rever la vida” y abandonar el pecado (orgullo, vanidad, arrogancia, prepotencia, ganancia, pornografía, sexismo, gula, ira, envidia, pereza, mentira, etc.). En fin, vivir lo que Jesús recomendó: “Vigilad y orad, porque el espíritu es fuerte pero la carne es débil”.

Aunque este sea un tiempo de oración y penitencia más profundas, no debe ser un tiempo de tristeza, al contrario, pues el alma se vuelve más leve y feliz. El placer es satisfacción del cuerpo, pero la alegría es la satisfacción del alma.

San Agustín decía que “el pecador no soporta ni a sí mismo”, y que “tus pecados son tu tristeza; deja que la santidad sea a tu alegría”. La verdadera alegría brota a causa de la virtud, de la gracia; entonces, la Cuaresma nos trae un tiempo de paz, alegría y felicidad, porque llegamos más cerca de Dios.

Una buena confesión

Para eso podemos hacer una Confesión bien hecha; el medio más eficaz para librarse del pecado. Jesús instituyó la Confesión en su primera aparición a los discípulos, en el mismo domingo de la Resurrección (Jn 20,22) diciéndoles: “a quien ustedes perdonen los pecados, los pecados estarán perdonados”. No hay gracia mayor que ser perdonado por Dios, estar libre de las miserias del alma y estar en paz con la consciencia.

Jesús quiso que nos confesemos con el Sacerdote de la Iglesia, su ministro, porque él también es débil y humano, y puede comprendernos, orientarnos y perdonarnos por la autoridad de Dios. Especialmente a aquellos que hace mucho no se confiesan, tienen en la Cuaresma una gracia especial de Dios para aproximarse al Confesor y entregar a Cristo en él representado, sus miserias.

Una práctica muy saludable que la Iglesia nos recomienda durante la Cuaresma, una vez por semana, es hacer el ejercicio del Via Crucis, en la iglesia, recordando y meditando la Pasión de Cristo y todo su sufrimiento para salvarnos. Esto aumenta en nosotros el amor a Jesús y a los otros.

No podemos olvidar también que la Santa Misa es la práctica de piedad más importante de la fe católica, y que de ella debemos participar, si posible, todos los días de la Cuaresma. En la Misa estamos delante del Calvario, el mismo y único Calvario. Sí, no es la repetición del Calvario, ni apenas su “recuerdo”, mas su “presentación”; es la actualización del Sacrificio único de Jesús.

La Iglesia nos recuerda que todas las veces que participamos bien de la Misa, “se torna presente nuestra redención”.

Así podemos vivir bien la Cuaresma y participar bien de la Pascua del Señor, enriqueciendo nuestra alma con sus gracias extraordinarias; pudiendo ser mejor y vivir mejor.

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La Cátedra de San Pedro

La Cátedra de San Pedro Centro de la unidad y santidad de la Iglesia

Bien pobre era aquel extranjero que Roma vio llegar, en el reinado de Claudio, pro la Vía Apia. Respondía su nombre al de Pedro, vestía un manto simple y se apoyaba en un bastón de peregrino. Sin embargo, sus sucesores, tres siglos más tarde,  ascendían al más alto trono de la Tierra. Frágiles también eran aquellos varones que, en estos veinte siglos, ocuparon la Cátedra de Pedro. Muchos fueron martirizados, otros presos o exiliados. El hombre puede morir, pero el Papa sobrevive. Aún hoy-y así será siempre- las multitudes lo buscan sin cesar. ¿Buscan ellos oro, poder, influencia? No. Se sentirán felices si consiguen verlo a distancia, en la Plaza de San Pedro, o, quizá, recibir de él una bendición o una mirada. En la persona de Pedro es a Jesús que buscan.

Milagro de la verdad infalible en la inconstancia del hombre

En el Papado, el hombre inconstante, sujeto al error, asumido por el Espíritu Santo, sirve de instrumento a la doctrina eterna. A lo largo de los siglos, en medio a todas las limitaciones de la naturaleza de los que ocupan la Cátedra de Pedro,  una cosa perdurará siempre: la verdad divina. De generación en generación, los Papas portarán la luminosa antorcha de la Verdad que ninguna tempestad conseguirá apagar. “Yo rogué por ti (Pedro) a fin de que tu fe no desfallezca; y tú, por tu vez, confirma a tus hermanos” (Lc. 22, 32). Con estas palabras, el divino Salvador prometió una particular asistencia al jefe de la Iglesia, en virtud de la cual nunca faltará su fe. Con ellas aseguró  a San Pedro y sus sucesores el don de la infalibilidad, es decir, ellos no pueden  errar cuando enseñan ex cathedra, en materia de fe y de costumbres. Es el milagro de la verdad divina bajo las apariencias de la inconstancia humana.

Misterio de la santidad en la debilidad

En consecuencia del pecado, la naturaleza humana quedó corrompida, sus instintos la llevan la mal. Sin embargo, le hombre frágil fue escogido por Dios para, sin desfallecimiento ni interrupción,  derramar sobre el mundo el inmaculado manantial de la gracia y de la virtud, la doctrina que  proclama la santidad y los sacramentos que la confiere. Si, como hombre, el Papa está sujeto a debilidades  no obstante jamás dejará de cumplir su misión de santificar las almas. Y las debilidades humanas señaladas por la Historia, ¿no  habrán sido permitidas por la Providencia justamente para hacer sobresalir aún más que el fundamento de la infalibilidad y la inmortalidad de la Iglesia es el propio Nuestro Señor Jesucristo, y no de criaturas humanas?

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La palabra de Dios en música

En contraste con otros estilos musicales, en los cuales un compás regular y ritmado puede ser luego percibido, el gregoriano es caracterizado por su ritmo libre, pareciendo fluctuar en el aire, liberado del tiempo en un movimiento ascendente y descendente

Inmersos en la agitación del mundo actual, siempre absorbidos por la prisa, la velocidad y el ruido, tal vez no nos sea tan fácil concebir un ambiente diferente. Entretanto, invitamos al lector a parar un poco ahora, e imaginar…

Imaginar un monasterio, con un claustro austero, silencioso, acogedor y elevado, por donde circulan algunos monjes, sin prisa y recogidos, dirigiéndose a una capilla iluminada apenas por la luz tamizada por unos bellos vitrales coloridos.

Estos valientes hombres, habiendo abandonado todo para el servicio de la Religión, dedican su vida al trabajo, al estudio y a la oración. Y como forma de exteriorizar el amor desbordante de sus corazones, habitados por la gracia, se unen en una sola voz para dirigirse a Dios. En unísono, entonan himnos y cánticos que llenan el templo sagrado de melodías suaves y tranquilizantes…

Ya estará nuestro lector con el estado de espíritu listo para comprender cuál es este estilo de canto y sus orígenes, para admirar la misteriosa riqueza y la elevada calidad que hicieron de él el cántico sacro por excelencia.

El canto gregoriano

El canto gregoriano es una forma de música diferente de cualquier otra ejecutada, hoy, en Occidente. Distinto de la polifonía, él es unísono y su perfección es alcanzada cuando una única voz se hace oír, incluso siendo grande el conjunto que lo entona.

En contraste con otros estilos musicales, en los cuales un compás regular y ritmado puede ser luego percibido, el canto gregoriano es caracterizado por su ritmo libre, pareciendo fluctuar en el aire, liberado del tiempo, en un movimiento ascendente y descendente que convergieron rumbo a la perfección asemejado a las olas del mar.

Mientras la música común y corriente, de modo general, está compuesta en una escala mayor o menor, dándole características distintas de tristeza o alegría, los ocho modos del gregoriano transmiten una gama más sutil de expresión, en un equilibrio perfecto, pareciendo siempre evitar los extremos emocionales dramáticos.

Estas son apenas algunas de las razones por las cuales, para oídos poco acostumbrados a él, el canto gregoriano puede dar, a primera vista, la impresión de ser monótono. Con todo, al dejarse llevar por su armonía, la persona es tocada por la fuerza singular de una forma de canto que trae consigo siglos de sabiduría y refleja generaciones de talentos religiosos que convergieron rumbo a la perfección de sus melodías – sus “inspiradas modulaciones”, 1 en la expresión del Papa Juan Pablo II.

Así, a pesar de una apariencia simple, carga dentro de sí, como observa el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, una formidable riqueza, “una potencialidad casi inagotable de generar civilizaciones y maravillas en cualquier parte del mundo. Es la fuerza de la inocencia aliada a la gracia, que transformó, por ejemplo, los pantanos y valles mefíticos de la antigua Europa en jardines salpicados de vida y de color, donde, entre matorrales y lagos lindísimos, sobresalen grandiosas abadías, imponentes castillos y majestuosas catedrales. Una Europa ‘gregorianizada’ “. 2

Poder de mover las almas

Uno de los más ilustrativos ejemplos del poder transformador de este canto lo tenemos en la conversión de los anglos. La iniciativa del Papa San Gregorio I, el Magno, de penetrar en la isla dominada por estos bárbaros fue marcada por las siguientes palabras: “la alabanza de Dios Creador debe ser cantada en aquellas tierras”. 3 Bajo su dirección, San Agustín de Canterbury entró a Gran Bretaña, en cortejo con 40 otros benedictinos, entonando las “solemnes y emocionantes melodías que les había enseñado Gregorio, su padre espiritual y padre de la música religiosa”. 4 El celestial canto de los recién llegados fue decisivo para la conversión del pueblo, en poco tiempo.

Tal episodio, uno entre tantos en el proceso de “gregorianización” de Europa Occidental, muestra que el Papa -cuyo nombre dio origen a la denominación de este estilo musical- poseía una profunda comprensión de cómo la música puede mover las almas con más eficacia de lo que consiguen las simples palabras. Aquellos cantos eran la más sobrenaturalizada de las músicas y, entretanto, fueron capaces de cautivar bárbaros y campesinos completamente ignorantes en cosas espirituales y no habituados a refinados sonidos.

Es lo que quedó registrado en la Historia: Gregorio I “compuso con gran trabajo y destreza musical los cantos que son cantados en nuestra Iglesia y por todas partes. Por este medio, él influenciaba más efectivamente los corazones de los hombres, elevándolos y animándolos; y, en verdad, el sonido de sus dulces melodías condujo no apenas hombres espirituales a la Iglesia, sino hasta incluso los rudos e insensibles”. 5

Fuente: GaudiumPress

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1 BEATO JUAN PABLO II. Lettera agli artisti, 04/04/1999, n.7.

2 CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Cântico da alma inocente. In: Dr. Plinio. São Paulo. Ano V. N.57 (Dez., 2002); p.34.

3 SAN BEDA. Historiam Ecclesiasticam Gentis Anglorum. L.II, c.1. In: Opera Historica. London: Oxford University, 1896, p.80.

4 CONDE DE MONTALEMBERT. Les moines d’Occident depuis saint Benoît jusq’à Saint Bernard. Paris: J. Lecoffre, 1866, v.III, p.363.

5 LEÓN IV. Letter to the Abbot Honoratus. Collectio Britannica, apud BÄUMER, OSB, Suitbert. Histoire du Bréviare.Paris: Letouzey et ané, 1905, t.I, p.345, nota.

Santa Inés, aquella que se mantiene pura

Siendo aún adolescente, ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe, consagrando con el martirio el título de la castidad. Obtuvo victoria sobre su edad y sobre el tirano, suscitó una gran admiración ante el pueblo y adquirió una mayor gloria ante el Señor. Su nombre es de origen griego y significa aquella que mantiene pura. Hoy se celebra el día de su sepultura. S III/IV

Hay muy buenos documentos sobre la existencia de esta mártir que vivió a comienzos del siglo IV y que fue martirizada a los doce años, durante la feroz persecución de Diocleciano.

Alrededor de su imagen de pureza y de constancia en la fe, la leyenda ha tejido un acontecimiento que tiene el mismo origen de la historia de otras jóvenes mártires: Agata, Lucia, Cecilia, que también encuentran lugar en el Canon Romano de la Misa. Según la leyenda popular, fue el mismo hijo del prefecto de Roma el que atentó contra la pureza de Inés. Al ser rechazado, él la denunció como cristiana, y el prefecto Sinfronio la hizo exponer en una casa de mala vida por haberse negado a rendirle culto a la diosa Vesta. Pero Inés salió prodigiosamente intacta de esa difamante condena, porque el único hombre que se atrevió a acercarse a ella cayó muerto a sus pies.

No tenía edad para ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria

ofrecemos a nuestros lectores Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes que se lee hoy en la segunda lectura del Oficio Divino.

“Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pican con una aguja, se ponen a llorar como si se tratara de una herida.

Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.

¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.

Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que con tanta generosidad entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:

«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero».

Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si fuese él el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”.

Algo quizás olvidado, el Pudor

Una mirada atenta sobre la Historia certifica que incluso las civilizaciones de la antigüedad cultivaban el vestuario no solo como mera necesidad de cubrir el cuerpo de las intemperies. Las vestimentas expresan algo de la propia auto-concepción que un individuo tiene de sí mismo. El traje es un lenguaje no verbal por el cual el hombre sociable presenta a los demás algo de su mentalidad. ¿Qué papel juega el pudor en la mentalidad de las personas?

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La modestia

Nos dice el Padre Manuel Sabino,Fundador de los Siervos del Buen Pastor: “El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad y Él es el “Señor que da la vida y que procede del Padre y del Hijo y con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado. Fue Él, el que habló por los profetas.” El Espíritu Santo es dador de todos los dones y carismas extraordinarios; todos los frutos espirituales provienen de Él”. Uno de esos frutos es la Modestia. “La Modestia, continúa el P. Manuel, se relaciona con ser discreto. La modestia es contra la ostentación y la exhibición. La modestia es el pudor que debe acompañar a todo cristiano pues en él habita Dios. Como tal, debemos respetar nuestro propio cuerpo, no exponiéndolo como un muestrario. Alertad a aquellas personas que se visten con mini-faldas, escotes exagerados, blusas trasparentes, pantalones exageradamente apretados, presentando los contornos del cuerpo. Podemos usar ropas bonitas y arregladas con el debido pudor y respeto por el cuerpo“.

Catecismo de la Iglesia Católica

Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que el noveno mandamiento exige vencer la concupiscencia carnal en los pensamientos y en los deseos. La lucha contra esta concupiscencia supone la purificación del corazón y la práctica de la virtud de la templanza.

¿Cómo se llega a la pureza del corazón?

El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación, y con la oración.

.¿Qué otras cosas exige la pureza?

La pureza exige el pudor, que, preservando la intimidad de la persona, expresa la delicadeza de la castidad y regula las miradas y gestos, en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas. El pudor libera del difundido erotismo y mantiene alejado de cuanto favorece la curiosidad morbosa. Requiere también una purificación del ambiente social, mediante la lucha constante contra la permisividad de las costumbres, basada en un erróneo concepto de la libertad humana (Cfr.Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica – Preguntas 527 a 530).

Podemos también definir el pudor, de una forma más simple y para poder fijarla en nuestra memoria, con la siguiente fórmula: “Pudor: es la moderación y decoro en el vestir. Veamos algunos ejemplos de los santos.

Santa Juana de Chantal

San Francisco de Sales, vio una vez a Santa Juana de Chantal, un poco más adornada de lo normal. Sabiendo de su gran vocación, le dijo: “pues entonces os volveréis a casar, o por acaso es menester quitar la muestra”. La Santa comprendió y al día siguiente apareció con menos adornos, solamente con un encaje. San Francisco la vio y le dijo: “Señora, estarías siempre noblemente y decentemente vestida aun sin eso adornos”. La santa comprendió, y hasta retiró el encaje.

Ni después de la muerte

San José de Calazanz nunca permitió que partes de su cuerpo estuviera descubierta, a tal punto que ni a su madre ni as sus hermanos, les djaba cura una herida que tenía en el brazo. Esto porque de joven hizo voto de virginidad, tanto que a su muerte no pudieron cambiarle la ropa.

Pertenezco a otro esposo

La madre de Santa Rosa de Lima, pensaba que, como su hija era tan linda, la podría casar con un joven rico que le diera bienestar a l afamilia. Mandaba a du hija a vestir las mejores galas e ir a fiestas, pero ´Rosa lejos de faltar a su castidad, ponía clavos es sus diademas para no tenr miviimentos inapropiados. Un día se cortó la cabellera y, mostrándose a si madre que estaba enfurecida, le dice: “Pertenezco a otro esposo más noble que el que tú me quieres dar”.

Tarde Navideña con los Heraldos del Evangelio

El pasado sábado 28 de diciembre, en la Casa de los Heraldos se tuvo un convivio familiar de Navidad.

La mismo comenzó con la Santa Misa con todos los papás y jóvenes que participan de las actividades de los fines de semana. En la homilía, el P. Álvaro Mejía,EP., ya estando en las vísperas de la fiesta de la Sagrada Familia, versó sobre la importancia de que la familia tome como modelo el sagrado Hogar de Nazaret. Luego de la Misa, se pasó unas diapositivas sobre las actividades más relevante de los Heraldos realizadas en el año de 2013, mientras los más jóvenes se preparaban para una sorpresa para los papás, que consistió en una emocionante obra de teatro titulada “El rey triste y el niño feliz”, que fue seguido con mucha atención por el selecto público y que no sólo arrancó aplausos sino también lágrimas.

Un Niño de Luz

Nevaba. De los labios brotaban sonrisas; de las miradas, alegría; y de los corazones, cariño. Era Navidad. En una pequeña ciudad suiza de los idos años de 1850, un niño llama do Guillermo vivía plácidamente en la confortable casa de su padre, un próspero comerciante.

Con 10 años de edad, disfrutaba el paraíso interior que sólo proporciona la inocencia. La noche anterior había ido con sus padres a la Misa de Gallo. La iglesia parecía una joya, llena de luces y adornos. Un hermoso pesebre despertaba la piedad de todos. Contemplando la imagen del Niño Dios en la cuna de paja, Guillermo se sintió de pronto como elevado en una nube dorada. Todo se había desvanecido a su alrededor y sólo que daba el Dios Infante, que con bondad infinita le hacía una invitación irresistible:

 –Naciste para cosas más grandes. ¡Ven y sígueme!

 Esa sonrisa divina caló en su alma. ¡Claro que lo seguiría! ¿Pero cómo?

Algunos días después, su padre lo llamó para decirle con aire solemne:

–Hijo mío, deseo para usted algo más importante que comprar y vender tejidos como su padre. Deberá convertirse en un ilustre profesor, en la gloria de nuestra familia. A partir del lunes, irá a estudiar en la escuela del maestro Zuquim.

Para Guillermo, los deseos de su padre eran ley, pero, por otra parte, sentía en el interior de su alma la llamada a una misión muy superior. ¿Cuál sería? ¿Y cómo conciliar la con la voluntad paterna?

Sin saber resolver la encrucijada, hizo como tantos niños de su edad: se olvidó de ella.

 ¿Quieres darme tu corazón?

Así pasaron los seis primeros meses de estudio. Caminando un día despreocupado rumbo a la escuela, le pareció ver a corta distancia un brillante globo moviéndose en su dirección.

Una vez frente a él se abrió, sirviendo de moldura a un deslumbrante niño de rostro luminoso. No tuvo dificultades para reconocer la misma fisonomía del Niño Jesús que había llenado de alegría su alma aquella noche de Navidad.

–Guillermo, ¿quieres darme tu corazón?

–¡Sí, por supuesto que sí! ¿Pero cómo?

–Muy fácil: de aquí en adelante me amarás solamente a mí, y harás todo lo que Yo quiero.

 –¡Mi corazón es todo tuyo! Pero mi padre me manda estudiar para que sea un gran profesor…

–Haré de ti un profesor famoso, con la misión de ser mi apóstol. Si te ocupas principalmente de la salvación de las almas, yo cuidaré tus intereses mucho mejor que tú. ¿Aceptas?

 –¡Sí! ¿Pero cómo sabré qué hacer?

–Permaneceré en tu alma y te orientaré cada vez que me lo pidas. No dejes de rezar mucho.

El globo se cerró y lentamente se fue. ¿Habría sido un sueño? ¿Un espejismo?

Lleno de luz y de felicidad, a Guillermo no le interesó esta pregunta.

Se sentía muy amado por Dios

A partir de ese día, su mayor cuidado era obedecer la voz que le hablaba “dentro del alma”. Siguiendo siempre su orientación, terminó el curso básico del Maestro Zuquim y se matriculó en la Escuela Parroquial. Fue un alumno ejemplar.

Historia, lenguas, matemáticas… ninguna materia era difícil para su inteligencia excepcional. Las clases de religión despertaban su avidez; quería expandir los horizontes de la fe para ser un buen apóstol de Jesús, y no perdía ocasión de conquistar almas para la Santa Iglesia.

Así pasaron algunos años en que todo le salía bien. Frente a cualquier dificultad, se recogía en oración y “oía” claramente la respuesta en el fondo de su alma. Se sentía muy amado por Dios y eso constituía su mayor alegría.

Sordera de alma, la peor desgracia

Por deseo del padre, Guillermo se trasladó a París e ingresó a la Universidad. Los primeros meses corrieron normalmente. Poco a poco, sin embargo, se dejó seducir por la carrera… Quería más tiempo para estudiar, así que disminuyó las actividades de apostolado con sus compañeros. Y desgracia aún mayor, comenzó a reducir cada vez más el tiempo dedicado a las oraciones. Ahora su corazón estaba dividido, pues no pertenecía exclusivamente al Niño Jesús. Éste lo seguía amando tal como siempre, pero Guillermo se había cerrado a ese amor.

Como consecuencia, se apagó la luz de su alma. La felicidad de su infancia desapareció, al punto que se preguntaba si habría sido real o una mera ilusión infantil. Ya no escuchaba esa voz que le hablaba con suavidad.

Le había ocurrido la peor de las desgracias: ¡quedar sordo a la voz de la gracia!

En esa triste situación espiritual, llegó a ser realmente un profesor de gran fama, ocupó altos cargos, amasó una buena fortuna.

Pero había cambiando la inocencia por los fugaces placeres del pecado; la vocación, por las treinta monedas de Judas. A los 74 años, cuando menos se lo esperaba, la muerte le hizo llegar su negra tarjeta de visita. Un ataque cardíaco –cuya gravedad le advirtió su médico– le anunciaba que la partida a la eternidad podía llegar en cualquier momento.

En un golpe de vista el Prof. Guillermo vio frente a sí la escena de su vida: el Bautismo, la Primera Comunión, el Niño Jesús que le sonreía, su promesa de entregarle exclusivamente su corazón, todos los inmundos pecados que ensuciaban su alma. Nada había quedado fuera de la “contabilidad” de la justicia divina. Una terrible voz redobló en su interior:

–Guillermo, Guillermo, ¿de qué te vale ganar el mundo entero si pierdes tu alma?

Era la voz de la gracia que le rompía los tímpanos para hacerse oír.

Aterrorizado, hizo lo que llevaba décadas sin hacer: recordó el Inmaculado Corazón de María, refugio de los pecadores, y rezó: “Sálvame Reina, Madre de misericordia…”

Confianza restauradora

En ese instante se abrió al frente suyo el mismo globo visto sesenta años atrás, pero esta vez servía de moldura al Hombre-Dios crucificado. Su augusta mirada era de reproche, pero también de clemencia.

–Señor, aunque yo no lo merezco, te pido por intercesión de tu Madre que me des algunos años de vida para hacer penitencia y reparar mi vocación frustrada.

–Tienes menos de una semana. Pero puedes repararlo todo en esos pocos días si practicas una penitencia. ¿Aceptas?

–¡Sí Señor! ¿Cuál es?

–Tener confianza. Confianza completa en la infinita misericordia de mi Sagrado Corazón, en la intercesión omnipotente de la Virgen María y en el amor que ambos tenemos por ti.

La Madre de Dios derramó gracias inimaginables sobre el Prof. Guillermo; su alma restaurada recobró la lozanía. Pidió un sacerdote y se confesó con verdadera contrición. Pocos días después recibió la Unción de los Enfermos y la Sagrada Eucaristía. Sus últimas palabras fueron: –¡Ay, si pudiera decirle a los hombres cuánto nos aman Dios y la Virgen a cada uno individualmente, sin excluir a nadie! ¡Cuántas personas se convertirían si lo supieran!

Fuente:http://es.natal.arautos.org/

Estrella de la Mañana

 En la Solemnidad de La Inmaculada Concepción, ofrecemos a nuestros lectores un pequeño trecho del “Pequeño Oficio de la Inmaculada, Comentado“, de autoria de Nuestro Fundador, Mons. Juan Clá Dias,

La evocadora belleza de este cuerpo celeste, refulgiendo en los albores del día constituye una expresiva representación del esplendor de la verdadera Estrella de la Mañana, María Santísima.

María es símbolo de la estrella

El Pe. Jourdain nos da algunas razones por las que Nuestra Señora está representado por el símbolo de la estrella: “El símbolo de la estrella encaja perfectamente en María. Nos hace comprender mejor sus inefables grandezas y lo que Ella representa para nosotros. «El sol es Jesucristo y María es la estrella», dice Hugo de San Víctor (…)

“Algunos astros sacan su luz del sol. María Santísima declara que Ella también sacó su luz del Sol de Justicia, Jesucristo. «Aquel que es poderoso -dice Ella- hizo en mí maravillas y su nombre es santo». Ella refleja tan perfectamente la luz divina, que la Iglesia no duda en aplicarle varios pasajes de la Sagrada Escritura que La conciernen, en primer lugar, la Sabiduría increada. (…)

“La estrella permanece siempre en el firmamento y jamás desciende a la tierra. La Santísima Virgen siempre llevó una vida sobrenatural: todos sus afectos estaban en el Cielo; nunca puso su espíritu en cosas terrenas y mundanas. Así el Esposo alabó su rostro diciendo que «Ella es como el Monte Carmelo» (Cánt. VII,5). Así como la cumbre del Carmelo nunca se cubrió de nubes y gozó siempre de un aire puro, así el alma de María jamás se inquietó por afectos terrenos y desordenados: Ella resplandecía con celestial serenidad. (…)

“Los antiguos veían la vida de las estrellas como incorruptible, inaccesible; de igual modo la destrucción que el tiempo proporciona a las cosas de la tierra. María estuvo exenta de toda corrupción: su carne no conoció la ruina del sepulcro, porque no tuvo origen en su alma el pecado.

“Una estrella extiende su luz con gran resplandor, sin menoscabo de su esencia. La Bienaventurada Virgen María, del mismo modo, sin detrimento de su virginidad, concibió en sus purísimas entrañas a Cristo, la Luz del mundo. (…)

“Las estrellas influyen sobre las criaturas terrenas, iluminándolas y contribuyendo a su desarrollo. Sin la luz del sol, de la luna y las estrellas el universo caería en una especie de caos. La bienaventurada Virgen María influye del mismo modo sobre el mundo oscurecido por las tinieblas del pecado: Ella lo ilumina, lo protege y lo conserva bajo su autoridad, de tal modo que, si Ella no existiera, hace ya mucho tiempo que el mundo habría desaparecido. (…)

“Una estrella, a pesar de su aparente inmovilidad, recorre con gran rapidez y perfecta regularidad distancias inimaginables. Así también, la Santísima Virgen recorrió una larguísima trayectoria en la vida de perfección y de los méritos, que sobresalió sobre todos los Santos y los Ángeles. (…) María es igualmente de una tal perseverancia, de una firmeza tan inconmovible, que siguió la voluntad de Dios sin apartarse jamás de Ella.

“Las estrellas dirigen a los que viajan, sobretodo a los navegantes; lo mismo nos dirige María en esta tierra de exilio y conduce a buen puerto a los que navegan por este ancho mar del mundo.

Jóvenes se consagran a Nuestra Señora

El domingo, 8 de diciembre,  se vivieron momentos de mucha emoción y gracia sobrenatural en la Casa de los Heraldos del Evangelio en El Salvador, ya que un grupo de jóvenes participantes de las actividades de los Heraldos, en una solemne Eucaristía, presidida por el P. Michael Carlson EP, se consagraron a Jesucristo como esclavos de Amor por las manos de María, según las enseñanzas de San Luis Maria Grignon de Monfort.

Después de un profundo estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, realizaron la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias, la Virgen Inmaculada.

 

Gran Concierto Navideño con los Heraldos del Evangelio

En el primer domingo de Adviento, 1º de diciembre los Heraldos del Evangelio de El Salvador dieron, el Gran Concierto Navideño en los salones del  Hotel Sheraton Presidente, el cual se llenó de alegría, espíritu y regocijo para la celebración navideña, que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén.

La quinta edición del concierto navideño de los Heraldos del Evangelio debutó su primer relato cantado llamado “Oratorio de Navidad”, escrito por el compositor alemán, Heinrich Schütz, y a seguir con los cantos de los más bellos villancicos de todo el mundo.

El “Oratorio de Navidad” transmitió la belleza, la dulzura y la suavidad del ambiente navideño, por medio de la música, contando la versión de los Evangelios del nacimiento de Cristo, la anunciación del ángel, la huida a Egipto y el retorno a Tierra Santa.

Los villancicos en diferentes idiomas: español, alemán, francés, latín, portugués, italiano, entre otros, se oyeron en el Salón, “Adeste Fideles”, “El niño del tambor”, “Stille” (Nacht-Noche de paz), “Campanas sobre campanas”, “Les Anges”, conocida como “Gloria in Excelsis Deo”,  ”Arre Burriquita”, “Los peces en el río” y “Oh Holy Night”.

Más que una velada musical, ha sido  una preparación navideña para festejar el nacimiento de nuestro Salvador.